Cooperativas de pescadoras de Oaxaca ante desafíos

Integrantes de la Cooperativa Pesquera “Servicios Manglares de Pie del Cerro”, se reúnen frente a la laguna de Corralero-Alotengo en Oaxaca. De izquierda a derecha: Valentina, Julieta, Paulina, María Antonieta, María Luisa, Ania, Nieves, Magdalena y Paulina. Foto: Jackie Botts.
La crisis del medio ambiente amenaza el sustento de los pueblos pesqueros, especialmente de los más remotos. El año pasado, el poderoso huracán Erick devastó los manglares en las lagunas de Oaxaca, estresando al mejillón del mangle conocido localmente como ‘la tichinda’, molusco que da sustento a las pescadoras indígenas y afrodescendientes de la laguna Corralero-Alotengo. Jackie Botts platicó con ellas y nos reporta desde Oaxaca sobre sus esfuerzos para mantener saludable el manglar y su destacado rol en la pesca sustentable.
Esta es un Transcripción/Traducción del audio…
En junio del año pasado, el huracán Eric tocó tierra en el sureño estado mexicano de Oaxaca. En los pueblos pesqueros que rodean la laguna de Corralero-Alotengo, vientos feroces de hasta 155 millas por hora volaron techos de lámina y desarraigaron mil 400 hectáreas de manglares.
Jessica Colón Rodríguez, una pescadora del pueblo de Corralero, recuerda cómo la laguna se transformó de un día para otro.
“Casi la mitad del manglar fue afectado bastante. Había poca especie, se escaseó también la tichinda”

Jessica Colón Rodríguez, socia de la cooperativa Mujeres Pescadoras de Mejillones de Corralero, descansa en su casa junto a su hijo de cuatro años. Foto: Jackie Botts.
La tichinda es un mejillón que se fija a las raíces del mangle. Es clave en el ecosistema, la dieta y la economía de los pueblos afrodescendientes e indígenas de la zona. Como Jessica, son mayormente las mujeres quienes las recolectan, limpian, cocinan y venden.
“Mole de tichinda, caldo de tichinda, ceviche de tichinda, empanadas de tichinda, tamales de tichinda. Todo se puede hacer con la tichinda”
Hablan las mujeres de una pequeña cooperativa pesquera en otra comunidad de la laguna, que se llama Pie de Cerro. Una de las socias, Valentina Florencia Soriano Rojas, tiene décadas de experiencia pescando en esta laguna y dice que el huracán es sólo el más reciente ejemplo del deterioro ambiental que sufre la laguna.
“Porque antes había más pescado, sacaba su atarraya y ¡llena! Ahora, ya no es como antes”

Tamalitos de tichinda. La tichinda es un molusco bivalvo que se adhiere a las raíces del manglar, donde filtra y limpia grandes cantidades de agua diariamente. Foto: Jackie Botts.
Recientes sequías y cierres cíclicos de la bocabarra de la laguna impiden la circulación del agua, se estanca y se contamina con agroquímicos de los grandes cultivos de papaya y plátano de la zona.
Son amenazas existenciales, dice Jessica.
“Pues, si se escasea el pescado y se escasea la tichinda, pues no hay otra manera aquí de sobrevivir”
Ella es socia en otra cooperativa de mujeres pescadoras en Corralero.

En 2024, las mujeres de Pie de Cerro construyeron un sistema de cultivo para potenciar la producción de tichinda. Foto: Cortesía de Paulina Noyola.
Como en otros litorales del mundo, las mujeres pescadoras aquí están impulsando proyectos para hacer frente a la crisis ambiental, pese a profundas barreras de género.
Las socias de las dos cooperativas son expertas en la pesca de la tichinda. Desde su formación hace cuatro años, empezaron con un estudio científico sobre el molusco. En seis puntos de la laguna, midieron temperatura, oxígeno y salinidad del agua.
“Sacábamos cien tichindas de cada parte. Ya que llegábamos a la casa, otra compañeras ya la pesaban, ya la medían, lo largo, lo ancho, y el grosor”
Habla Liliana López Ortiz. El estudio confirmó algo clave, dice Liliana.
“La tichinda también se estresa. Yo no sabía que la tichinda se estresaba, y sí”

Ania Yarazeth Chamú Martínez, bióloga marina en la asociación civil La Ventana, acompaña a las mujeres en el diseño y ejecución de proyectos, como el estudio sobre la tichinda. Foto: Jackie Botts.
La salud de este organismo refleja la salud del ecosistema.
“Se asienta en las raíces del mangle, pues este es un organismo filtrador”
Ania Yarazeth Chamú Martínez es una bióloga marina que coordina proyectos de recursos costeros para La Ventana, una asociación civil que apoya a las mujeres pescadoras en la zona.
“Es un recurso muy importante no solamente para el sistema lagunar, mantiene la calidad del agua, sino también es un organismo económicamente importante para ellos, y sobre todo para la mujer”
Explica que en zonas remotas y marginalizadas como esta laguna, hace falta un estudio científico sobre los cambios del ecosistema y sus consecuencias.

La tichinda es un molusco bivalvo que se adhiere a las raíces del manglar, donde filtra y limpia grandes cantidades de agua diariamente. Foto: Jackie Botts.
En mayo, Ania y Jessica viajarán a Ecuador y Colombia para participar en un diplomado para mujeres pescadoras de América Latina y el Caribe. Presentarán los resultados del estudio sobre la tichinda, demostrando cómo las pescadoras pueden ser motores de investigación, trenzando su conocimiento tradicional con herramientas científicas.
Pero el camino no ha sido fácil; Liliana recuerda la discriminación que han enfrentado en talleres previos.
“Encontramos una cooperativa que era muy machista, o sea que ellos decían que no permitían que hubiera una cooperativa de mujeres”
El rol esencial de la mujer en la pesca ha sido históricamente invisibilizado y poco remunerado. En Oaxaca, hay más de 300 cooperativas pesqueras registradas, pero Ania señala que apenas tres son exclusivamente de mujeres.
Estas brechas persisten no sólo en México sino también globalmente, a pesar de que estudios y organismos como la ONU reconocen que las mujeres suelen ser excelentes guardianas de los ecosistemas marinos, y muestran una mayor disposición a gestionar pesca sostenible.
Un ejemplo de este compromiso está en Pie de Cerro. Allí, las mujeres construyeron su propio cultivo de tichinda para mantener la población de este molusco.
“Estas son las barras”

Julieta Esperanza López López, presidenta de la cooperativa, rema en una panga frente a la comunidad de Pie de Cerro, Oaxaca. Foto: Jackie Botts.
Desde su panga, la presidenta de la cooperativa, Julieta Esperanza López López enseña los racimos de conchas negras adheridos a maderas de mangle que ellas mismas enterraron.
“Están chicas. Falta todavía”
En el trayecto, observamos cómo aún abundan raíces expuestas y mangles secos por el huracán. Se siente un calor fuerte donde las mujeres dicen que antes había mucha sombra.
“Me enseñó mi abuelo…”
Jessica, la pescadora de Corralero, quien viene de un linaje largo de pescadores afrodescendientes, teme por el futuro de sus hijos: que si la comunidad no practica una pesca responsable, si la laguna sigue siendo contaminada por agroquímicos y si hay más deforestación que reforestación…
“Ya no va a haber nada que nos sustente, a nuestros hijos, nuestra descendencia”
Eran esas inquietudes las que la impulsaron a dar talleres en escuelas de primaria, telesecundaria y preparatoria sobre el cuidado de la laguna, junto con un colectivo local que se llama Voces del Manglar.

A casi un año del paso del huracán Erick, aún se
observan restos de su paso enredados entre los mangles muertos que dejó el desastre. Foto: Jackie Botts.
Con los más pequeños, empezaron con los ojos cerrados.
“Ahí va escurriendo esa gotita”
Y van imaginando el viaje de una gota de agua que baja desde la sierra.
“Se junta con otra gotita, llega a un arroyo, llega a la milpa”
Hasta desembocar en la laguna. Luego, para soltar el cuerpo, bailaban.
Y por fin…
“Les dimos cartulinas, les dimos crayolas, colores, y ya pues nosotros les dijimos que ellos se imaginaran cómo era el manglar”
El resultado fueron ilustraciones vibrantes: manglares verdes llenos de aves, con raíces que se extienden hasta al fondo de la laguna, llenas de tichindas y protegiendo a cangrejos, peces, y cocodrilos.
“Sí, fue muy emocionante, que los niños aprendan; que ellos sepan cuidar su laguna, que ellos sepan cuidar el manglar”

Estudiantes de la primaria de Corralero ilustran los manglares y sus tichindas durante un taller sobre el cuidado de la laguna impartido por el colectivo Voces del Manglar. Foto: Cortesía de Jessica Colón Rodríguez.
En Pie de Cerro, las mujeres de la cooperativa se reúnen para planear su siguiente paso: un plan de comercialización para asegurar ventas constantes de tichinda.
Están a un costado de la laguna, junto a una estufa de adobe que construyeron con sus propias manos. Sueñan con convertir este espacio en un comedor.
“Un comedor con comida de aquí”
También aspiran a reforestar el manglar que perdieron. Muchos de sus objetivos requieren financiamiento, ya sea público o privado, y apoyo técnico. Sin embargo, las tediosas convocatorias suelen ser barreras grandes para mujeres que tuvieron poca educación formal.
Aun así, estas pequeñas cooperativas de mujeres indígenas y afromexicanas hacen su parte para conservar su laguna y su fuente de sustento. Es su respuesta ante la deforestación, la contaminación y la crisis climática que amenaza a los manglares de todo el mundo.
Para la Edición Semanaria de Noticiero Latino, Jackie Botts.

