Urgen Trump y DeVos regresar a clases sin garantizar la salud de los alumnos

El lavado frecuente de manos, las particiones plásticas y las aulas socialmente distanciadas son parte de la

El lavado frecuente de manos, las particiones plásticas y las aulas socialmente distanciadas son parte de la “nueva normalidad” para las aulas del mundo. Foto: https://www.weforum.org.

De la redacción

El debate en Estados Unidos sobre reabrir las escuelas en agosto se intensifica. Los distritos escolares consideran si reiniciar las clases en persona, sin tener muy claro cómo hacerlo de manera segura. Trump declara que Noruega y Dinamarca han abierto sus escuelas “sin ningún problema”, pero omite que no puede compararse a estas naciones europeas que juntas tienen actualmente apenas unos mil casos de coronavirus. Ninguna nación en el mundo ha tratado de enviar a los menores de regreso a clases con el virus en los niveles que imperan en Estados Unidos.

La investigación científica sobre la transmisión del coronavirus en las escuelas es aún limitada. La Organización Mundial de la Salud (OMS) anunció recién que ahora el virus del Covid-19 “se transmite por el aire en espacios interiores abarrotados y con poca ventilación”, una descripción que se ajusta a muchas escuelas estadunidenses, dice.

Por una parte, el presidente Trump y la secretaria de Educación, Betsy DeVos están ejerciendo una enorme presión para traer de vuelta a clases a los estudiantes de las escuelas públicas, exigencia a la se han sumado algunos padres de familia, pediatras y especialistas en desarrollo infantil. Pero el sindicato nacional de maestros y la mayoría de los educadores, así como muchos otros padres y madres de familia se oponen a la medida sin tener garantías que aseguren la salud de sus hijos.

La secretaria DeVos impulsa una política de cupones para “ayudar” a las familias a pagar la inscripción en las escuelas privadas o religiosas, mientras Trump amenaza con quitarle el financiamiento a las escuelas públicas que se resistan a reabrir en agosto, pero él mismo se resiste a desfinanciar al Departamento de Policía, en medio del clamor popular contra el racismo sistémico de la policía.

No obstante, los fondos federales no cubren la totalidad de los gastos de la educación pública en los estados y localidades, como quiere hacer creer Trump; sino sólo a los programas escolares como los desayunos y almuerzos, y algunos otros rubros; pero no así la nómina para maestros y el personal administrativo. Los ingresos de las escuelas públicas provienen de fuentes diversas, principalmente de los distritos escolares que son financiados con el impuesto a la propiedad.

De esta suerte, la exigencia de Trump para el regreso a clases en agosto puede verse como una normativa a el nivel federal, cuando en los poco más de 5 meses que lleva la pandemia desde que apareciera el primer caso de coronavirus y hasta llegar a las casi 135 mil muertes y los 3.3 millones de casos confirmados. En cambio, no ha querido establecer una estrategia nacional para combatir la pandemia, que ayude a los estados a luchar contra los alarmantes números de nuevos casos y hospitalizaciones.

La Florida por ejemplo reportó 15 mil 300 casos de coronavirus en las últimas 24 horas, y California, que está mejor que Arizona, Texas y Carolina del Norte reportó la semana pasada 11 mil 694 casos confirmados, volviendo a los números que experimentó Nueva York en abril (11 mil 571), lo que ha afectado no sólo a los centros de población urbana del estado sino también a sus áreas rurales.

Por el contrario, la Casa Blanca ha alentado a los estados republicanos a reabrir sus economías y ahora las escuelas, omitiendo los lineamientos de los Centros para la Prevención de Infecciones y Enfermedades, CDC, como el uso obligatorio de máscaras cubre boca cuando se sale de casa; o no frecuentar lugares abarrotados de gente (restaurantes, bares, centros comerciales, etcétera, y ahora las escuelas); ni ha provisto cabalmente todavía el equipo de protección temporal (PPE) para doctores (as), enfermeras (os); o tampoco entregado material suficiente para las pruebas diagnósticas y el rastreo, etcétera, con qué hacerle frente a las decenas de miles pacientes que están llegando con intervalos de horas a los hospitales del país, como hemos reportado en este espacio informativo.

Tampoco hay información científica precisa ni mucho menos concluyente sobre los riesgos del regreso al salón de clases. De hecho, Trump presiona a los CDC’s para que relajen sus recomendaciones y redacten nuevas guías menos estrictas, que permitan volver a las escuelas dentro de menos de un mes.

Y aunque prevalece la idea de que los niños tienen muchas menos probabilidades de enfermarse gravemente que los adultos por el coronavirus, hay aún muchas preguntas sin respuesta. Por ejemplo, con qué frecuencia los niños se infectan y qué papel juegan en la transmisión del virus. O qué pasa cuando viven en familias con adultos mayores, así como cuando entran en contacto con el resto de la sociedad.

Porque a diferencia de lo que se creía hace meses, últimamente un alarmante número de jóvenes están contrayendo el virus. Y aun niños menores lo están padeciendo, con raras enfermedades incluso, como los casos de inflamación de órganos vitales que sorprendieron en Nueva York recientemente.

El país enfrenta pues un enorme desafío ante la incertidumbre. Mientras, el presidente Trump se deshace del Dr. Anthony Fauci, principal científico responsable del combate al coronavirus por parte del gobierno federal, y obliga al Dr. Robert Redfield, Director nacional del CDC para que redacte guías más laxas que permitan reabrir las escuelas en el otoño. También amenaza a los gobernadores republicanos para obligar el regreso a clases en sus estados, “o perderán las elecciones en noviembre”, según dijo recién■

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