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Promotoras de salud, una alternativa para la rehabilitación

Por Marco Vinicio González
Publicado 02 marzo, 2026

María Salgado, promotora de salud del Valle del Río Grande, en el sur de Texas, dice que muchos de los pobladores necesitan ayuda para navegar el proceso de inscribirse para tener cobertura sanitaria y mantenerla porque es muy complicado. “El seguro médico no es un lujo, es una necesidad”, afirma. Foto: Sam Whitehead/KFF Health News.

Los promotores de salud comunitaria en California han demostrado tener un impacto significativo en las comunidades latinas al abordar el consumo problemático de alcohol y otras sustancias. Especialmente en contextos en los que los modelos tradicionales de tratamiento han tenido baja retención.

La eficacia de estos programas se explica por varios factores: confianza cultural y lingüística, menor estigma, reducción de daños, intervención temprana y apoyo para navegar por el sistema de salud. Al compartir idioma y referencias culturales, se facilita que las personas reconsideren sus hábitos antes de que el consumo escale hacia una adicción más severa.

Xóchitl Castañeda, de la Iniciativa para la Salud de las Américas de la Universidad de California en Berkeley, explicó en Línea Abierta que el abuso de sustancias es un fenómeno multifactorial. En ese contexto, los promotores contribuyen porque trabajan desde la empatía y la comprensión cultural, comunicándose en español y utilizando un lenguaje sencillo que toma en cuenta el contexto migratorio de muchas familias.

Por su parte, Blanca Meléndez, del Centro para la Salud Comunitaria de la Universidad de California en San Diego, señala que una de las claves del trabajo consiste en preguntar por el bienestar general de la persona y por las fuentes de estrés en su vida cotidiana. En muchas comunidades latinas, explica, el consumo problemático de alcohol no se percibe como un problema de salud hasta que surgen consecuencias graves. Por ello, el enfoque no se limita a dejar de beber, sino que también busca mejorar el manejo del estrés, la calidad del sueño y la conexión con metas personales que muchas personas tenían al llegar al país.

Karemi Álvarez, coordinadora sénior del mismo centro, subraya que el elemento central del cambio duradero es la relación de confianza que se establece entre la persona y quien la acompaña. Diversos estudios muestran que los resultados mejoran cuando existe una conexión genuina basada en empatía y comprensión del contexto de vida. Esa cercanía crea un espacio seguro donde alguien puede hablar sin temor a ser juzgado.

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El proceso de cambio frente al consumo problemático suele ser gradual. Muchas personas atraviesan distintas etapas antes de considerar un tratamiento formal. En ese recorrido, las promotoras desempeñan un papel importante al iniciar conversaciones centradas en metas personales. En lugar de confrontar o imponer diagnósticos, plantean preguntas que invitan a la reflexión, como cómo se siente la persona después de beber o qué aspectos de su bienestar quisiera mejorar. Este enfoque, conocido como entrevista motivacional, permite que la motivación para el cambio surja de la propia experiencia del individuo.

Además, las promotoras ayudan a superar barreras prácticas y emocionales que dificultan la búsqueda de apoyo. Entre ellas se encuentran la desinformación sobre los servicios disponibles, el temor al estatus migratorio, la falta de seguro médico o la percepción de que sólo los casos más graves requieren ayuda profesional. En muchos casos, el primer paso no es ingresar a un programa de rehabilitación, sino reducir el consumo, establecer días sin alcohol o buscar apoyo emocional.

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Otro aspecto importante es la manera en que las promotoras enfrentan el estigma social asociado al alcoholismo. Según Álvarez, esto puede llevar a las personas a aislarse, lo que, a su vez, refuerza el consumo como una forma de lidiar con el dolor, la vergüenza o el estrés. En cambio, una relación empática favorece la conexión y el sentido de pertenencia. Cuando alguien se siente escuchado y comprendido, aumenta la disposición a realizar cambios graduales que pueden convertirse con el tiempo en transformaciones más profundas.

Las narrativas culturales también influyen en la forma en que se percibe el consumo de alcohol. Blanca Meléndez explica que con frecuencia se repite la idea de que dejar de beber es simplemente una cuestión de voluntad. Sin embargo, el consumo problemático involucra factores biológicos, emocionales y psicosociales. Reducirlo únicamente a la disciplina personal ignora esa complejidad y puede generar más culpa que soluciones.

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Desde esta perspectiva, el trabajo de las promotoras reconoce que el ser humano también es un ser social y comunitario. Muchas personas migrantes experimentan la ruptura de las redes de apoyo que tenían en sus comunidades de origen, lo que puede aumentar el aislamiento. Recuperar la conexión con otros se convierte entonces en una parte fundamental del proceso de cambio.

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