Los bosques de kelp están desapareciendo

Las comunidades pesqueras de las costas de Baja California y California fueron golpeadas en años recientes por la repentina desaparición de los bosques marinos de kelp o sargazo que alimentaban a las poblaciones de langosta y abulón, entre muchas especies de la región. Los bosques de algas pardas o sargazo se colapsaron debido a una combinación del cambio climático y la proliferación descontrolada de la plaga de erizo morado. Victor Rodriguez reporta sobre cómo fue que se llegó a este desastre marino y qué se hace por rescatar estos necesarios bosques de sargazo.
Bajo el océano Pacífico se esconde un ecosistema marino lleno de vida. Ubicados en la costa oeste de Estados Unidos y de la península de Baja California, entre otras regiones marinas, los bosques de sargazo, mejor conocido por el término anglosajón kelp, sirven de hábitat a un sinnúmero de especies en un entramado trófico que beneficia, en última instancia, a los humanos.
Catalogadas como las de mayor tamaño entre las algas, destaca por su coloración marrón con tonos verdosos características y sus tallos cubiertos de vesículas repletas de aire que les sirven como flotadores. Se aferran al suelo en profundidades de hasta 30 metros, creciendo hacia la superficie en busca de rayos solares. Su diseminación genera un paisaje submarino como pocos: auténticos bosques que sirven de zonas de alimentación, de cuneros y refugio para crustáceos, peces y mamíferos marinos por igual. Se tiene el registro de su presencia en las costas del Pacífico de América del Norte -desde Alaska hasta Baja California-, en las costas de América del Sur, Australia y Nueva Zelanda.
Sumado a su valor ecosistémico, es conocido su vínculo con la economía local. La fundación de varias comunidades pesqueras mexicanas está ligada directamente a la presencia de los bosques de kelp. Lucrativas pesquerías como las de la langosta, la de abulón y el erizo rojo en Baja California y Baja California Sur, han dado sustento a generaciones de pescadores.
No obstante su importancia ecosistémica y económica, los bosques de kelp suelen pasar desapercibidos en el marco de las políticas ambientales. Muchos factores impactan la salud de los bosques de kelp: desde los cambios abruptos de temperatura, la presencia de fauna que la devora o la contaminación por aguas residuales han influido en detrimento de su presencia.
Uno de los principales factores que afectan al kelp recae en los cambios abruptos de temperatura, en especial, el alza marcada de la misma. Estos se han pronunciado como parte de los efectos del cambio climático global, impactos que tienen a la comunidad científica en alerta. Uno de gran impacto se dio entre 2014 y 2016. Durante estos años sucedió un incremento atípico de temperatura, al que apodaron como “Blop”, de hasta 3 grados Celsius, lo cual supuso un impacto directo en muchos de los bosques de kelp existentes, motivando su disminución a niveles mínimos.
Según los monitoreos científicos, las regiones más se ubican afueras de Bahía Asunción e Isla Natividad, en Baja California Sur, pero de igual manera impactó a los bosques de kelp de la bahía de Todos Santos, Baja California, en los alrededores de las islas, y en los mares de San Diego y Monterey, California. La desaparición de vastas extensiones de bosques marinos generó un efecto dominó que propició un decrecimiento del 15 al 58% poblaciones de langosta, erizo rojo, abulón y pepino de mar, según un estudio liderado por Juan Carlos Villaseñor, Nur Arefeh y Fiorenza Micheli. Esta realidad mermó la calidad de vida de varias comunidades pesqueras que dependen de dichos productos pesqueros para subsistir.
Existen también factores antropogénicos, es decir, aquellos generados por la presencia humana, que afectan directamente a la salud de los bosques marinos. Uno notorio y bien documentado en Baja California es la propagación exponencial del erizo morado, especie que se alimenta insaciablemente de sargazo. Sin especies que controlen a la población del espinado crustáceo, sumado a su escaso valor comercial, dieron como resultado un desequilibrio trófico que devastó los bosques marinos, dejando en su lugar un estéril suelo de espinas moradas.
Actualmente existen importantes esfuerzos para reforestar los bosques de kelp con resultados promisorios en la costa de California, Estados Unidos, y en Baja California, México. La cooperación científica internacional ha sido vital a la hora de compartir experiencias y técnicas que han apoyado a la protección y reforestación de estos importantes bosques marinos de la que dependen tantas familias costeras.
Este despacho es parte de la Serie “Cuando se Seca el Arroyo”, financiado en parte por The Walton Family Foundation.