Endurece deportaciones y desata críticas

En la Marcha del Primero de Mayo en la ciudad de Nueva York, parte de una serie de eventos de protesta en todo el país, destacaron temas como los derechos laborales, la inmigración y la oposición a las políticas de deportación del gobierno federal. Los participantes marcharon de Folley Park hacia Wall Street, para continuar su protesta, que no ha parado desde los primeros meses del año. Foto: Marco Vinicio González.
El presidente Donald Trump sigue decidido a cumplir su promesa de campaña de deportar a todos los inmigrantes, ya sean indocumentados o no. Según la Unión Estadunidense de Libertades Civiles de Nueva York (ACLUNY), esto está generando terror en las comunidades migrantes por todo el país.
La ACLUNY advierte que Trump también está presionando para que los gobiernos estatales y locales hagan “el trabajo sucio por él”, mediante la expansión del cuestionado programa 287(g). Este mecanismo permite que las autoridades locales colaboren con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, ICE, convirtiéndose, en la práctica, en agentes de inmigración. Y sí, hay agencias de policía que están más que dispuestas a participar.
Lo contradictorio es que mientras se habla de deportar masivamente, Trump ha abierto las puertas a inmigrantes blancos sudafricanos, especialmente a aquellos de origen afrikaner, alegando que son víctimas de persecución racial en su país. El presidente justifica esta decisión señalando que enfrentan violencia y discriminación, y pone como ejemplo la reforma agraria de 2024 en Sudáfrica.
Pero la cosa no es tan clara. Tanto el gobierno sudafricano como diversas organizaciones internacionales han desmentido esas acusaciones, afirmando que no hay pruebas de un “genocidio” contra los agricultores blancos. A esto se suma el hecho de que varios grupos de derechos humanos y religiosos han alzado la voz contra esta medida, sobre todo porque se da en un contexto en el que la entrada de otros refugiados ha sido prácticamente suspendida. Incluso algunos sudafricanos blancos han rechazado la oferta de reubicación, diciendo que prefieren quedarse en su tierra.
Como si fuera poco, también se han denunciado deportaciones ilegales a una prisión salvadoreña, incluyendo el caso de Kilmar Ábrego García, quien fue enviado por error al CECOT, el centro de detención en El Salvador, famoso por violar los derechos humanos de los presos, que el gobierno de Trump se niega a repatriar.
Ante este panorama, organizaciones como NYCLU, ACLU nacional y Legal Aid están dando la batalla en tribunales para impedir que Trump utilice la Ley de Enemigos Extranjeros como herramienta para ejecutar estas deportaciones masivas.
En apenas los primeros tres meses de su nueva administración, Trump ya ha firmado tres acuerdos 287(g): dos con el condado de Nassau en Long Island, Nueva York, y uno con el condado de Broome, al sur del estado. Antes de 2025, sólo había un acuerdo en todo el estado, en el condado de Rensselaer, donde se encuentra la capital estatal, Albany.
Estos convenios 287(g) podrían ser clave en los planes de deportación masiva del presidente. Varias agencias policiales ya se muestran entusiastas por sumarse, pero la ACLUNY pide que los legisladores estatales actúen y se aseguren de que ningún condado en Nueva York se preste a separar familias.
Todo esto, dice la organización, es apenas una muestra del giro antinmigrante que está tomando la Casa Blanca bajo el liderazgo de Trump… y esto apenas comienza.
De acuerto con Newsweek, asta el 13 de mayo de 2025, la administración de Donald Trump había deportado aproximadamente a 142 mil inmigrantes desde su regreso a la Casa Blanca el 20 de enero de 2025. Esta cifra incluye tanto expulsiones fronterizas como deportaciones internas realizadas por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).

