En la prisión, un latino encontró el sentido de su vida

Centro de detención de inmigrantes que muchas veces son remitidos a confinamiento. Foto: www.ice.gov/detention-facilities
Acusado de asesinato, un latino pasó 25 años de su vida preso en una cárcel de máxima seguridad en California. Como hijo de padres adictos, desde su infancia atravesó momentos muy difíciles que le marcaron. Sophia Rerucha habló con él y nos cuenta cómo logró su libertad para luego promover leyes a favor de quienes caen presos siendo menores de edad. Sophia nos entrega su reporte desde Sacramento.
Esto es una transcripción del audio
J. Vázquez ha pasado prácticamente la mitad de su vida en Salinas Valley State Prison, uno de los centros penitenciarios de máxima seguridad de California. Cuando tenía 16 años, formaba parte de una pandilla en Sacramento. Una noche, durante una disputa J. asesinó a un joven de una pandilla rival.
“It’s sad to say, and I hate to say this…“
(Es muy triste decir esto, pero cuando me arrestaron, sólo pensaba en mí mismo, en qué iba a pasar conmigo).
Fue sentenciado a 31 años de cárcel. Me cuenta que su niñez fue estropeada por la pobreza y la violencia doméstica. Sus padres eran adictos. Cuando se divorciaron, se sintió culpable.
“I didn’t understand the divorce . . . “
(Yo no entendía el divorcio, entonces pensaba, ‘¿Por qué se fue mi papá? ¿Fue mi culpa? ¿No fui suficiente, es por eso que se fue?’).
Ahora comprende por qué a los 14 años se involucró en una pandilla.
“Sólo éramos niños con mucho trauma. Estábamos tratando de apoyar a cada uno, sin entender que estábamos causando más daño y trauma a otros y a nosotros mismos”
Un año después describe cómo le impactó la muerte de su padre, por cirrosis hepática.
“I didn’t know how…”
(No sabía cómo expresar mis sentimientos. Y de ahí, perdí el control. Y no me importaba nada).
Se involucró más con la pandilla hasta la fatal noche en 1993.

Evan Holloway, del Hospital General de San Francisco, explica cómo se desarrollan las Experiencias Adversas en la Infancia (ACEs). Foto: Cortesía.
Según un estudio de la revista American Psychologist, en general los jóvenes que terminan en la cárcel vivieron experiencias difíciles cuando eran niños. Técnicamente, esto se conoce como Experiencias Adversas en la Infancia (ACEs). Evan Holloway, del Hospital General de San Francisco, explica cómo se desarrollan los ACEs.
“Desde pequeño, nuestros padres tienen la mayor influencia en nuestra vida. Y a través del desarrollo nos afecta porque tenemos interacciones con más frecuencia con ellos”
A los 21, J. estaba en un calabozo. Ya con 5 años detenido, dice que el silencio le ayudó a reflexionar.
“It was the first time I was alone with my thoughts…“
(Fue la primera vez que estaba solo con mis pensamientos. ‘¿Cómo llegué aquí?’ Y no me refiero a la cárcel, sino a este punto de mi vida. Quería algo distinto para mi vida).

La terapeuta María D. explica las dificultades que significa abrirse camino en prisión. Foto: Cortesía.
J. empezó a leer libros de autoayuda y participar en círculos de apoyo, pero fue difícil abrirse al principio, lo que es normal, como explica la terapeuta María D. Vazquez.
“Para sobrevivir, tienes que tener desconfianza. Tienes que siempre preguntarte, esta persona me está ayudando porque me quiere ayudar, porque es una buena persona, o porque me va a pedir algo después“
J. salió de prisión en 2018 gracias a una ley firmada en 2013 por el entonces Gobernador Jerry Brown, que otorga libertad condicional a los detenidos que cometieron crímenes siendo menores de edad, después de cumplir 15 años de su sentencia.
“Lo que me ayudó a regresar a casa fue la Ley 260, que ofreció a los jóvenes oportunidades para recuperar la libertad”
Hoy J tiene 49 años y es director de política en CURYJ, una organización que defiende los derechos de las personas encarceladas, trabajo que lo llena de satisfacción.
“Y ahora yo trabajo en leyes que ayuden a otros a regresara casa. Es como cerrar un circulo completo“.
Para la Edición Semanaria de Noticiero Latino desde Sacramento, California, Sophia Rerucha.


