En inmigración, Mullin es otro clon de Trump

Antonio Rodríguez, boina café y votante independiente del norte de Texas, considera que el clima generado por las redadas de ICE influyó en el ánimo de parte del electorado latino. Foto: cortesía de Brown Berets de North TejAztlan.
Ahora que se aproxima el cambio de mando en el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), si se confirma al nominado para sustituir a Kristi Noem, el senador republicano de Oklahoma, Markwayne Mullin, no se anticipan grandes cambios en la agenda de detenciones y deportaciones de la administración Trump. Por el contrario, están comprando instalaciones para detener a miles y gastando dinero a manos llenas para lograr su meta de un millón de deportados por año.
Se reporta que parte de la fortuna de Mullin está ligada a empresas vinculadas al Departamento de Seguridad Nacional, DHS. Lisa Gilbert, vicepresidenta de Public Citizen, indicó que “si los republicanos consideraban que la autopromoción y las operaciones bursátiles de Noem eran problemáticas, no han explicado por qué las de Mullin son diferentes, incluidas sus recientes numerosas operaciones en empresas vinculadas al DHS”.
De cara a las elecciones intermedias del 3 de noviembre de este año, cuando la política migratoria y otras medidas de la agenda doméstica de Trump no gozan de simpatía entre los votantes, algunos republicanos dan señales de preocupación, sobre todo si buscan la reelección este otoño.
Pero incluso políticos que enfrentan la reelección hasta el 2028 se muestran preocupados. Tal es el caso del senador republicano de Wisconsin, Ron Johnson, quien le expresó a la Associated Press su preocupación porque la industria lechera de su estado depende de mano de obra inmigrante y mayormente indocumentada.
Según un análisis de la Universidad de Wisconsin-Madison, los inmigrantes representan el 70 por ciento de la mano de obra de la industria lechera del estado. Pero también están presentes en otras industrias como la agrícola y la de servicios.
“¿Podemos simplemente dar marcha atrás al reloj y hacer que todas estas personas que entraron aquí ilegalmente se vuelvan a casa? En cuanto a ponerlo en práctica, es mucho más difícil —sobre todo- de hecho, cuando te das cuenta de que muchas de estas personas, la mayoría de ellas, vinieron aquí en busca de oportunidades, deseando la libertad. Están trabajando, manteniendo a sus familias y contribuyendo a las organizaciones y a la comunidad”, declaró el senador.
Johnson parece haber tenido una revelación tras 15 años en el Senado. Su estado, como tantos otros a través del país, depende en gran medida de la dura labor de los trabajadores indocumentados que la maquinaria de deportaciones de Trump ha sacado y quiere remover del país tildándolos de “criminales”.
No son únicamente los trabajadores de lecherías sino las plantas procesadoras de carne y pollo, los trabajadores agrícolas que son expertos sembrando, manteniendo, pizcando y empacando los productos que a diario consumimos. Son los trabajadores de la construcción cuya labor mueve la economía. Los trabajadores de hoteles, restaurantes, hospitales, cuidadores de niños, de personas de la tercera edad, de enfermos. Sea cual sea la industria, la mano de obra indocumentada está presente.
Pero ese mismo senador Johnson tuvo la oportunidad en 2013 de apoyar una reforma migratoria que concedía una vía a la legalización para de su estado Wisconsin.
Johnson votó en contra del proyecto S. 744, que fue aprobado el 27 de junio de 2013 en votación 68-32 con el apoyo de todo el Caucus Demócrata y de 14 republicanos en un Senado, en ese momento, de mayoría demócrata.
Como ha sido el caso durante años, los republicanos que controlaban la Cámara baja, presididos entonces por John Boehner, lo dejaron “morir”, pues solamente se han dedicado a obstruir cualquier viso de solución sensata y únicamente explotan el tema con fines electoreros. Boehner tampoco permitió que se debatiera una versión republicana o bipartidista que pudiera conciliarse con el proyecto del Senado.
Es más, el senador republicano de Carolina del Sur, Lindsey Graham fue uno de los integrantes de la llamada Pandilla de los Ocho, 4 senadores demócratas y 4 republicanos que negociaron el lenguaje del proyecto S. 744. Pero ahora Graham solamente destila veneno contra los inmigrantes apegándose al libreto de Trump y de su asesor Stephen Miller.
Es decir, que a estas alturas del juego republicanos como Johnson lamenten que el tema migratorio no se haya resuelto es hasta insultante porque han tenido oportunidades de sobra para reformarlo.
Ahora que la estrategia migratoria violenta y extremista de Trump ha erosionado el apoyo al Partido Republicano de cara a las elecciones de medio término, algunos creen que ajustando la retórica y obviando la mención de las deportaciones masivas pueden tapar el sol con un dedo, ocultar su récord migratorio y mantener el apoyo de ese sector desafecto del electorado que en 2024 los apoyó pero quizá se arrepintió de haberlo hecho y el tema migratorio es uno de los factores.
Por más retoques que hagan, la estrategia migratoria de Trump sigue siendo extremista. Y Mullin es otro clon de Trump y de Miller.

