Ceguera y miedo: voces latinas en California

Invidente. Foto: https://unsplash.com/s/photos/blind
En 1992, la Asamblea General de la ONU declaró el 3 de diciembre como el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, con el objetivo de promover sus derechos y el bienestar en todos los ámbitos de la sociedad y el desarrollo, así como concienciar sobre su situación en todos los aspectos de la vida política, social, económica y cultural. En Estados Unidos, 1 de cada 4 adultos tiene algún tipo de discapacidad.
En un momento de persecución contra la población inmigrante, muchos no videntes de Los Ángeles (CA) se han visto obligados a una vida de encierro y aislamiento, sin poder trabajar ni asistir a sus citas médicas. Esto los expone a una situación de inestabilidad económica y creciente ansiedad, sin ayuda social de ningún tipo. En ese contexto, Línea Abierta transmitió un programa especial en el que un grupo de personas con discapacidades visuales fue el protagonista.
De acuerdo con el censo, más del 40% de la población de California se identifica como hispana o latina. El Disability Research Center UNH estima que, en 2023, había unas 845 mil personas con ceguera o baja visión en el estado, de las cuales un 20% eran latinas.
¿Cuál es su realidad?
Blanca Angulo, de 63 años y presidenta de Inmigrantes con Discapacidades del Condado de Los Ángeles, está en proceso de regularizar su estatus migratorio y describe que vive “encerrada, con ‘el bendito en la boca’”. Esta líder es convocada por hospitales y organizaciones comunitarias para capacitar con sus habilidades a quienes lo necesitan.
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Naun Carmona, miembro de Inmigrantes con Discapacidades, lamenta que “el Gobierno no se toca el corazón; lo tienen de piedra. No se tocan el alma. Si nos quitan el bastón, no podemos caminar. Ahí nos quedamos parados hasta que alguien nos ayude. Lo que podemos hacer, pues, es mejor sentarnos, quedarnos tirados”. Claudia Medina no tiene documentos y la situación actual ha afectado su salud mental. “Me deprimí, me dio ansiedad y fui a parar al hospital dos veces. Estoy tomando pastillas para la ansiedad y la depresión. No tengo ayuda ni hijos ni nadie. Aquí en Los Ángeles estoy completamente sola”.
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En casos como el de Claudia, la cotidianidad del encierro y los temores le impiden pedir ayuda psicológica, además de la dificultad para trabajar y así poder cumplir con el pago de sus necesidades de alimentos, renta y servicios básicos.
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El psicólogo Óscar Sandoval, experto en el tratamiento de la ansiedad y la depresión en la población invidente, mencionó en Línea Abierta que el miedo causado por el encierro “está intensificando la depresión, el aislamiento y los conflictos familiares, además del consumo de alcohol y sustancias”. La falta de actividades y la ruptura de rutinas “agravan la ansiedad y la desesperanza, incluso entre quienes antes acudían a terapia presencial”. Y recomienda buscar ayuda a tiempo, “consejería individual, de pareja o familiar”, o acudir “a figuras de confianza y, sobre todo, desahogarse y no enfrentar el estrés en silencio”.
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