11 de septiembre: la huella sigue intacta

Toma del fotógrafo, al pie de la torre, que está apuntando su cámara hacia la cima de la enorme estructura de vidrio, cemento y acero derritiéndose, justo en el momento en que la torre se está desplomando aquel 11 de septiembre de 2001. Foto: José A. Rosario.
El 11 de septiembre de 2001 Estados Unidos vivió el mayor atentado terrorista de su historia, luego de que dos aviones se estrellaran contra las Torres Gemelas, levantadas en pleno distrito financiero de Nueva York. A 24 años del inicio de una “guerra contra el terrorismo”, revisamos las secuelas legales y sociales de las víctimas de la tragedia.
José Antonio Rosario, fotógrafo de el diario /La Prensa de Nueva York, recordó cómo captó desde su azotea las primeras imágenes del siniestro. “Oigo como un ruido que me despertó, subo a la azotea de mi casa y me pongo a tomar fotos… estoy como a una media milla de ahí”.
Capturó la bola de fuego que salió de la cima de una de las Torres Gemelas y luego un silencio sepulcral que le siguió a la explosión. Ya al pie de las torres en la Zona Zero, mientras seguía tomando fotos, escuchó por su Walkie Talkie: “¡Corran, corran, que se viene abajo!”. En ese momento, miró para arriba y —recuerda— “tiro la foto, mientras estoy viendo ¡cómo la torre se está derrumbando, mano!”.
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Lo que vino después fue, junto con la cineasta/editora independiente, Catalina Santa María, la producción del corto “Septiembre 11 2002″ de José Rosario y Catalina Santamaría, centrado en los trabajadores inmigrantes latinos, afectados por el ataque.
Veinticuatro años después, muchos migrantes enfrentan secuelas en su salud, tras haber tenido cáncer y otras enfermedades relacionadas con la contaminación de los polvos tóxicos en el aire de ese 9/11. Y muchos inmigrantes mas no han recibido aún ninguna compensación del fondo que se creó con ese propósito.
“A mi el 9/11 me dejó ansiedad… Me acostaba y el pecho: ¡pum!, ¡pum!, ¡pum! Fui al doctor y me dijo: ‘Estrés… the silent killer’”.
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Durante las primeras horas después del avión que se estrelló con la segunda Torre Gemela el 9 de septiembre de 2001. Foto: José A. Rosario.
El legado del 11 de septiembre
Un mes y medio después del ataque al distrito financiero de Nueva York, en octubre de 2001 se promulgó la Ley Patriota, o 11‑S (2001/10/26), que amplió los poderes del gobierno para vigilar, detener e interceptar comunicaciones privadas en nombre de la seguridad nacional. En 2003, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) abrió sus puertas con el mandato de supervisar y coordinar una estrategia nacional integral para proteger al país contra el terrorismo y responder a cualquier ataque futuro. Hoy, esta agencia también participa en la aprehensión y deportación de inmigrantes, con un presupuesto de unos 165 mil millones de dólares.
Otro legado post 9/11, data de 2005, cuando se creó la Real ID Act, que exige licencias estatales y documentos compatibles con estándares federales para vuelos nacionales y acceso a edificios federales.
Como medida para socorrer a las víctimas, se creó el Fondo de compensación para las víctimas del 11 de septiembre, vigente hasta 2090. Manuel Castro, titular de la Oficina de Asuntos del Inmigrante de la alcaldía de Nueva York (MOIA), explicó los esfuerzos y alianzas estratégicas que se tejen para que los afectados por los polvos tóxicos del 9/11 que no han recibido aún ninguna ayuda para enfrentar sus males crónicos puedan hacerlo.
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Oficiales de la plicía de Nueva York (NYPD), recorriendo las calles de la Zona Zero. Foto: José A. Rosario.
“El fondo es administrado por el gobierno federal”, aclaró Castro. Y añade que su función, junto con organizaciones sin fines de lucro, es apoyar a familias afectadas por aquella tragedia a tramitar acceso a ese recurso. “Nosotros los apoyamos para presentar esos reclamos, crear comunidad y mantenerse conectados. Aunque los ataques del 9/11 fueron hace más de 20 años, todavía hay personas que trabajaron en la limpieza de los escombros o vivieron esos días por ahí y tienen enfermedades relacionadas, ya sea cáncer, problemas crónicos de respiración”.
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