Igualdad pendiente en Día Internacional de la Mujer 2026

Frisha Moore conversa con niños en Moore Learning Preschool & Childcare Center, en Elk Grove. El cuidado de sus hijos es una de las mayores preocupaciones de las mamás. Foto: Miguel Gutiérrez Jr. / CalMatters.
La conmemoración del Día Internacional de la Mujer 2026 retoma una lucha histórica con demandas urgentes: acelerar la igualdad de género, cerrar la brecha salarial y combatir la violencia física, psicológica y digital contra las mujeres, así como garantizar los derechos reproductivos y ampliar la participación femenina en el poder político y económico, señala una declaración de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en el sitio UN Women. En ella advierte que “las mujeres y las niñas sólo tienen el 64 por ciento de los derechos legales que tienen los hombres”.
Por eso, bajo el lema “Derechos, Justicia y Acción para todas las mujeres y niñas”, el sistema de las Naciones Unidas llama a eliminar barreras como leyes discriminatorias, protecciones jurídicas débiles y normas sociales nocivas que limitan la igualdad. Paralelamente, organizaciones civiles, empresas y ONG impulsan campañas propias. Por ejemplo, la plataforma International Women’s Day promueve para 2026 el lema “Give to Gain / Dar para avanzar en igualdad”, una iniciativa privada que difunde campañas y eventos globales independientemente de la ONU.
Gimena Sánchez, directora para los Andes en la Oficina de Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), explicó en entrevista en el programa Línea Abierta cómo en 2026 muchas mujeres enfrentan políticas cada vez más restrictivas en materia de derechos reproductivos. Según ella, estos discursos y decisiones políticas han tenido efectos en diversos países.
“En algunos lugares, como Argentina, muchas familias enfrentan dificultades por la falta de acceso al cuidado infantil”, señala. También advierte que la coexistencia de distintos sistemas de protección para las mujeres puede facilitar que la violencia permanezca oculta y ocurra con impunidad. “Eso termina reforzando la idea de que las mujeres son tratadas prácticamente como objetos de los hombres”, afirma.
Sánchez también observa con preocupación que, incluso en Estados Unidos, algunas mujeres en puestos políticos de alto nivel respaldan las mismas políticas restrictivas y machistas. Un ejemplo es la fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, que ha sido una activista en contra de todo lo que es IVF (in Vitro Fertilization), todo lo de sus derechos civiles. Según Sánchez, esto limita el potencial de millones de mujeres. “Es triste que se frene el talento de mujeres que son fundamentales para la economía y para el desarrollo de un país”, señala.
La especialista también critica el retiro de fondos de cooperación internacional, en particular los destinados a programas de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, y el distanciamiento de algunos compromisos internacionales de protección a las mujeres. A su juicio, estas decisiones envían un mensaje preocupante a países donde persisten políticas muy restrictivas hacia la mujer, como en los países musulmanes.
“En varias partes del mundo hay movimientos que luchan por más derechos y buscan respaldo internacional. Cuando ese apoyo desaparece, se debilitan los esfuerzos por construir sociedades más inclusivas y tolerantes”, explica.
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A estas tensiones se suma la persistente desigualdad económica. En términos generales, la brecha salarial global entre hombres y mujeres en 2026 indica que ellas ganan en promedio entre 80 y 83 por ciento de lo que ganan los hombres, lo que equivale a una diferencia de 17 a 20%, según estimaciones de la ONU.
Las consecuencias de esta desigualdad se reflejan también en la vida cotidiana. Cuando las políticas públicas no garantizan servicios como el cuidado infantil, explica Sánchez, muchas mujeres deben asumir múltiples trabajos precarios para sostener a sus familias. “Las mujeres terminan haciendo cuatro o cinco trabajos de peor calidad para sobrevivir, mientras intentan cuidar a sus hijos y mantener a la familia”, señala.
Esa presión constante, advierte, puede generar un círculo negativo que afecta no sólo a las mujeres, sino también a los niños y al conjunto de la sociedad. “El estrés, la precariedad y la falta de apoyo terminan deteriorando la vida familiar y social. Es una espiral negativa que afecta a todos”, concluyó.
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