Desinformación en tiempos de guerra

Ejemplo de un video falso que el factchequeo escrutina y determina su legitimidad. Foto: Cortesía de Factchequeando.
En esta era digital, vivimos una revolución tecnológica que ha transformado profundamente los hábitos y las formas de producir y consumir información. En ese nuevo entorno también se libra una intensa disputa por las narrativas que informan —y muchas veces desinforman— a la opinión pública.
La desinformación representa varios riesgos: debilita la democracia al confundir a los votantes sobre elecciones y políticas públicas; polariza a la sociedad al aumentar la desconfianza entre grupos políticos y comunidades; afecta la salud pública al difundir información falsa sobre vacunas, medicamentos o crisis sanitarias; y reduce la confianza en instituciones como el gobierno, los medios y la ciencia. En síntesis, la desinformación erosiona la confianza pública y dificulta que la sociedad tome decisiones informadas.
La batalla por el relato también se refleja en conflictos internacionales. Los ataques recientes en Medio Oriente, iniciados por Estados Unidos e Israel, han generado una ola de desinformación que circula sin control en redes sociales: imágenes recicladas, secuencias de videojuegos presentadas como escenas reales ocurridas en otros lugares y videos generados con inteligencia artificial que dificultan distinguir entre lo falso y lo verdadero.
En ese contexto, investigaciones independientes han examinado el ataque ocurrido el 28 de febrero contra la escuela primaria Shajareh Tayyebeh, en el poblado de Minab, Irán, donde murieron unas 175 personas, mayormente niñas, y han concluido que el ataque fue perpetrado por Estados Unidos.
El periodista Rafael Olavarría, verificador de datos de Política y Migración de Factchequeando, explicó en el programa Línea Abierta que “la investigación con fuentes abiertas como Google Maps y Google Earth, y softwares gratuitos, permitió confirmar que la escuela estaba junto a una instalación militar iraní, aunque separada por un muro construido en 2016”.
Añadió que expertos señalan que “ni Irán ni Israel poseen misiles Tomahawk”, de fabricación estadunidense, y que mapas, imágenes y declaraciones oficiales “apuntan a que el ataque fue realizado por Estados Unidos, contradiciendo lo afirmado por Donald Trump”, como lo había reportado The New York Times.
“En tiempos de guerra, la primera víctima suele ser la verdad”, sostiene Olavarría. Por eso, frente al ruido de las redes y las narrativas políticas amañadas, concluye, “el periodismo vuelve a lo esencial: verificar los hechos”.
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