Desde las elecciones del 6 de noviembre, tras la derrota de Mitt Romney,
empezó a gestarse en Washington un cambio en las actitudes hacia el tema de la
migración. Una amplia coalición de líderes conservadores cristianos viajó
a la capital para sumarse al coro de quienes coinciden que la reforma
migratoria no es urgente por razones económicas, morales y humanitarias. Desde
la capital del país, José López Zamorano nos entrega el reporte.
Se escucha un pastor diciendo:
“Esto es como un renacer... Amén”.
Fue el equivalente de una peregrinación al templo político de Estados Unidos.
Se escuchan voces de una multitud
Más de 400 líderes conservadores cristianos, hombres y mujeres de negocios, alcaldes y oficiales de la ley arribaron a la capital para ‘pintar su raya’ frente a los republicanos más extremistas; y frente a los sindicatos, para cabildear por una reforma migratoria integral en 2013.
“El Partido Republicano después de las elecciones, como Pablo rumbo a Damasco, se ha caído del caballo; han reconocido que nunca van a ganar la elección sin el pueblo hispano”.
El reverendo Samuel Rodríguez, preside la Conferencia de Liderazgo Nacional Cristiano Hispano, hace notar un cambio súbito en el humor de los republicanos hacia la migración.
“Entre ellos hay una conversación: ya no quieren hablar de auto deportación, ahora lo que dicen es ¿cómo vamos a legalizar a esta gente?”.
La meta de los conservadores cristianos es una reforma migratoria amplia que incluya una ruta a la legalización y a la ciudadanía, así como un plan de trabajadores temporales y la aprobación de iniciativas como la Ley Dream, entre otros temas.
Los miembros de la coalición llegaron a Washington en medio del debate sobre el “precipicio fiscal”, realizaron una sesión de estrategia en la que figuró en un lugar central Steve Case, el expresidente de América OnLine.
“Estados Unidos era una empresa en ciernes hace 200 años. Si se quiere crecer en este país, hay que centrarse en la innovación, y el papel de la migración es central a esa discusión; me preocupa que como nación caigamos en una estado de complacencia”.
Enseguida el grupo enfiló hacia el Capitolio, donde lograron renovar el respaldo de una de las figuras más notorias de la filosofía conservadora, Grover Norquist, autor del dogma republicano contra el alza de los impuestos. Norquist identificó a los sindicatos como el enemigo número uno de la reforma migratoria, debido a su oposición a un plan de trabajadores huéspedes.
“El movimiento sindical sigue siendo la amenaza número uno. Algunos sindicados han cambiado, pero la AFL-CIO tratar de escribir la reglas y regulaciones para hacer imposible que la gente trabaje aquí, lo han hecho por 60 años, pero los vamos a derrotar” , aseguró Norquist.
Ana Avendaño, directora del proyecto de los inmigrantes de la AFL-CIO refutó a Norquist, aunque evitó endosar la idea del plan de trabajadores huéspedes:
“No tiene sentido ese tipo de debate… Si hay una reforma migratoria que ayude a trabajadores y a los inmigrantes que están en los en los Estados Unidos por supuesto que vamos a ayudar esa reforma migratoria”.
Los miembros de la coalición coinciden en que el tiempo es clave y que una reforma migratoria debe buscarse en 2013 porque 2014 será otra vez un año de elecciones. Por ello buscan una conversación urgente dentro del Partido Republicano y un acercamiento a los demócratas.
El dialogo entre los conservadores cristianos y los republicanos se rompió por el asunto de migración.
El reverendo Luís Cortés, es presidente de Esperanza, una empresa de Filadelfia. Desde su punto de vista, la clave es ahora que todos ganen algo, tanto demócratas como republicanos y los aliados de ambos.
“Lo que nosotros tenemos que hacer como latinos es hacer las llamadas y seguir la organización que hemos formado... La idea es poder tener algo donde los grupos ganen algo y los dos grupos pierdan algo, para que los dos grupos digan que arreglaron el sistema” , explicó Cortés.
Foto: Antonio Rowe vía Flickr