Un vistazo de primera mano a la crisis humanitaria de los niños indocumentados en la frontera (primera de dos)

Foto cortesía de The Restoration Project, Phoenix

Foto cortesía de The Restoration Project, Phoenix

En lo que va del año se ha duplicado el número de niños detenidos comparados al año pasado. Se calcula que este año llegará a 60 mil menores sin compañía de un adulto, cuando el año pasado se aprehendió a unos 25 mil niños en condiciones similares. En respuesta, el presidente Obama calificó la situación de crisis humanitaria, y ordenó la intervención de la Agencia federal para el Manejo de Emergencias, FEMA, para reubicar a los detenidos y hallarles espacio donde hubiera. Así, cientos de niños y familias han sido trasladados a centros de Inmigración en Nogales, AZ, a una base militar en San Antonio, Texas, y otros improvisados albergues. La noticia alarmó a la opinión pública y a las autoridades, no sólo por el sorpresivo aumento en el flujo de esta migración, sino por las condiciones de hacinamiento en que se les mantiene apresados. En esta reseña de un programa reciente de Línea Abierta, la activista voluntaria de Phoenix Restoration Project, Phoenix, AZ, Lidia Herrea explicó a Samuel Orozco, Director de Noticias de Radio Bilingüe lo que en su opinión está pasando en la frontera.

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Aunado a todo lo que ha trascendido en días recientes sobre la crisis humanitaria de los niños principalmente centroamericanos la semana pasada, cuando miles de éstos fueron detenidos por la Patrulla Fronteriza en la frontera Sur de Estados Unidos. La mayoría de ellos eran madres con sus niños, que fueron enviados por avión desde Texas a Arizona, donde fueron soltados en la central local de autobuses, con un citatorio para comparecer ante las autoridades en los subsiguientes quince días, pero sin recursos para viajar a reunirse con los suyos. La gobernadora de Arizona, Jan Brewer se lanzó entonces contra el presidente Obama, haciéndolo responsable de esta acción, que calificó de inhumana.

Mientras, las autoridades federales turnaban los niños solos a la Oficina de Reasentamiento de Refugiados, que es una dependencia del Departamento federal de Salud, misma que se hace cargo de buscarles albergue mientras se localiza a la familia. A muchos se les ha permitido quedarse con sus familiares mientras se ventilan y tramitan sus casos de deportación.

En el referido programa de Línea Abierta (10/06/2014), la activista voluntaria de Phoenix Restoration Project, Phoenix, AZ, Lidia Herrea explicó a Samuel Orozco lo que en su opinión está pasando en la frontera.

Me di cuenta por medio de alguien que también supo que estaba sucediendo esto en el Greyhound. Me llama y me dice, ‘mira, esto está pasando, hay tanta gente que está llegando, mujeres con niños, y necesitamos ayuda’”.

Herrara acudió entonces al llamado y dice que el primer día que llegó a una central de autobuses de Grayhound donde la Patrulla Fronteriza estaba arrojando principalmente a mujeres con sus hijos pequeños, “ya habían estado llegando los autobuses desde hacía una semana. Así que fueron aproximadamente 12 días en los que se estuvo enviando solamente mujeres con sus niños”.

¿En que condiciones se les dejaba en la terminal?

Lo primero es que la gente estaba desorientada; no sabían dónde estaban ni en qué ciudad ni para dónde los habían llevado. Muchos venían con síntomas de deshidratación, que también pudo ayudar a la desorientación”. Herrera afirma que cuando están deshidratadas las personas tienen síntomas como dolores de cabeza, “pueden tener náusea, pueden venir con síntomas estomacales. Encima de eso, en los centros de detención algunos de ellos declararon que habían estado durmiendo en el piso frío, no tenían con qué cubrirse ni ellas ni sus hijos”. Agrega que estos inmigrantes venían con síntomas de catarro y problemas respiratorios, e “incluso hubo un caso que tuvimos que llevar a emergencias a un niño que sufría ataques de asma. No traían absolutamente nada, salvo la ropa que traían puesta y nada más. Nada de dinero, no sabían exactamente a dónde iban”.

El procedimiento de los activistas que acuden a brindar socorro a personas en situaciones como esta dicen que lo primero que hacen es preguntares para dónde van, dónde se encuentran sus familiares, porque este es el propósito de estos inmigrantes: reunirse con sus padres y madres o familiares. “Pero ellos a veces nada más sabían decir el nombre de un estado y no sabían la ciudad. Por suerte muchos de ellos sabían de memoria el número de teléfono de sus familiares, así que ellas hacían la llamada, averiguábamos en qué ciudad se encontraba la familia, si la familia podía pagar, comprar un boleto para que viajaran a las ciudades”. Y fueron a muchos diferentes lugares. Por la precaria situación económica en que viaja esta migración, sostiene Herrera, “tenían que viajar en Greyhound, a veces hasta cuatro cinco días. Transbordando a veces hasta ocho veces en diferentes autobuses, en viajes bien largos. No tenían, no venían preparados para hacer un viaje de ese tipo”.

La respuesta de la comunidad fue casi inmediata

La comunidad de Phoenix se unió e hizo un llamado y la población, que acudió en una forma increíble a ofrecer todo tipo de ayuda, dice la activista. “Cada cosa que pedíamos, la comunidad lo traía. Esto fue una de las cosas más hermosas que sucedieron, ver cómo la gente de buen corazón y de buena fe se prestó para ayudar en todo lo que fuera necesario. Así es como los pudimos alimentar, pudimos incluso traer algunas enfermeras y doctores para revisarlos. Pudimos llevar en dos ocasiones a un par de niños a un cuarto de urgencias, y darles ropita aunque fuera usada pero se las pudimos dar, y alguna que otra mochila para que llevaran sus cosas en el viaje”. Adem;ás los proveyeron con agua para beber, algo de fruta, cosas que pudieran levar ellos en el camino. Y hubo mucha gente de buena voluntad que se acercó y dijo, ‘bueno, yo te puedo dar 20 o 40 dólares para tu viaje”.

¿Quienes eran las familias de esas hasta mil 200 personas?

Eran familias centroamericanas, mayormente de Honduras, Guatemala, y también de El Salvador, continúa Lidia Herrera. “Ellos iban tanto a Florida como Alabama, a Nueva York, Tennessi, Islas Virginia, las Carolinas… Estas personas, desde mi punto de vista, merecerían que toda la comunidad junta hiciéramos la lucha llamando a nuestros consulados, y nuestras representantes o legisladores, para que se les dé mínimo un TPS. Porque estas personas no vienen por un sueño americano; la mayoría de esa gente viene por razones de vida o muerte. Vienen huyendo de la violencia económica, política y social, que es de verdad terrible en estos días en Centroamérica. Yo creo que es importante tener conciencia de que nadie va a exponer a su familia o a sus hijos a un viaje que de por sí es peligroso. Lo digo porque yo lo hice con mis hijos en un tiempo… Solamente porque quieren venir a ganar más, o porque quiere un mejor carro o una mejor casa”.

En Centroamérica, “esta situación todavía son efectos de la guerra, por ejemplo en El Salvador. De intervenciones militares en Centroamérica; de tratados de libre comercio; de explotaciones mineras que están contaminando la tierra y no tenemos ya ni agua que tomar”, dio Herrera.

La activista sugiere que hace falta informarse de todo esto muy bien, y tomar conciencia. “Y creo que si vamos todos juntos, de las iglesias, de toda la comunidad religiosa, pidiendo que se haga justicia, tal vez podemos detener que todos estos niños sean deportados. Porque eso es lo último que he escuchado, que el plan que tienen lamentablemente nada más es deportarlos”.

Niños son trasladados a un albergue de Nogales

Acabo de escuchar al cónsul de Honduras y a una periodista que estuvieron adentro, y las condiciones allá adentro, ellos dicen, son lamentables. Ahora, cuenta un reporte, ya llegaron mil niños a un albergue que es prácticamente una bodega donde están durmiendo en el piso, y apenas cubriéndose con colchas desechables, como cubiertas de papel de aluminio. Y no están dejando a la comunidad civil ayudarlos. Nosotros estamos acá, atados de brazos porque no nos dejan hacer nada”, concluye Lidia Herrera. “La situación está bajo control de FEMA, y bajo condiciones lamentables”.

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