Solamente las personas -no el tiempo- pueden resolver las injusticias que se cometen contra los trabajadores agrícolas: César Chávez

FundacinPor César Chávez

Hispanic Link

Semana de agosto 25 de 1985

Han pasado 20 años desde que nuestro sindicato de Trabajadores Agrícolas Unidos tocó por primera vez los corazones y las conciencias de las personas en todos los Estados Unidos, haciéndoles saber acerca de los abusos sufridos por los trabajadores agrícolas de California y por sus familias.

Entonces, los trabajadores agrícolas transformaron dramáticamente la acción sencilla de negarse a comprar uvas frescas, en una declaración poderosa contra la falta de equidad y la injusticia. El boicot contra las uvas fue una marca distintiva de las décadas de 1960 y 1970. Reunió a millones de estadounidenses alrededor de la causa de los trabajadores agrícolas migratorios. ¡Y funcionó!

Se aprobó una ley en California que se suponía garantizaría a los trabajadores agrícolas los mismos derechos extendidos a los trabajadores industriales. Los trabajadores agrícolas votaron en elecciones con boletas secretas por el sindicato de Trabajadores Agrícolas Unidos. Firmamos contratos con los cultivadores.

Como resultado, algunos trabajadores agrícolas ganan ahora jornales equitativos y tienen planes de atención medica para sus familias, protección contra los herbicidas peligrosos y días festivos y de vacaciones con pago. Sus hijos asisten a la escuela y ganan lo suficiente como para vivir en casas decentes, en vez de campamentos desmantelados.

Pero este adelanto sólo sirve para destacar la pobreza miserable que demasiados otros trabajadores agrícolas sufren todavía en nuestro medio: niños que trabajan; hostigamiento sexual contra las trabajadoras; envenenamiento por insecticidas; alto índice de mortalidad infantil; probabilidades de vida reducidas; jornales ilegalmente bajos…alojamiento al aire libre en cañones y bajo árboles.

Tómese por ejemplo al rancho de cultivo de uvas de K.K. Larson, cerca de Coachella, a sólo una corta distancia de los ricos campos de golf y las lujosas piscinas de natación de Palm Springs.

Larson emplea de 500 a 600 trabajadores agrícolas; y contrata a 200 migrantes durante las temporadas más ocupadas. Algunos de ellos duermen en sus automóviles. La mayoría vive en los sembrados de toronjas cercanos, bajo los árboles, con un calor de 110 grados. Algunas tienen colchonetas podridas; otros duermen sobre el polvo contaminado

por insecticidas. Los inviernos son aún peores, dijo un trabajador que no quiso reveler su nombre. “El valle se pone verdaderamente frío y lluvioso, especialmente por la noche. Hay tanta humedad que cuesta trabajo mantener encendida una fogata.”

Los trabajadores emplean agua de irrigación para bañarse, cocinar y lavar sus ropas. Transportan agua para beber en recipientes contaminados con insecticidas. Algunos son únicamente adolescentes; muchos no tienen documentos legales. Recientemente, algunos trabajadores se sobrepusieron al temor de las represalias y pidieron ayuda al Sindicato de Trabajadores Agrícolas Unidos. Habían trabajado más de tres semanas sin que se les pagara.

Por lo menos cuatro de los insecticidas que se emplean en los viñedos de California son tan peligrosos o más para los trabajadores que el llamado Aldicarb, que ocasionó cientos de enfermedades entre los consumidores de la costa occidental en julio. La misma clase de empleo ilegal de venenos, que contaminaron a las sandías, está contaminando las uvas frescas. En junio, las autoridades locales impusieron una cuarentena a una zona de 26 manzanas de área en el rancho de uvas de A. Caratan, Inc., cerca de Delano, porque se hallaron residuos del insecticida Orthene en el viñedo.

Millares de otros trabajadores agrícolas viven en circunstancias de salvajismo, bajo los arbustos y árboles, y entre las basuras apestosas y el excremento humano, cerca de granjas modernísimas donde se cultivan tomates, en el norte del Condado de San Diego. Las ratas silvestres les muerden a medida que duermen, caminan distancias de millas para comprar alimentos a precios exagerados y transportan agua de las zanjas de irrigación.

El trabajo infantil es común en muchas zonas agrícolas. Tanto como el 30% de los cultivadores de ajos del norte de California son niños de poca edad. Niños tan pequeños como de seis años de edad votaron en las elecciones sindicales efectuadas por el gobierno estatal, ya que cualificaban como trabajadores. “Sin ellos no podríamos sobrevivir”, dijo el trabajador agrícola José Ruelas acerca de sus cuatro hijos (con edades entre siete y catorce años) que trabajan en los campos.

Nadie quiere vivir así. Y los trabajadores agrícolas han trabajado para que haya cambios. Muchos se organizaron y votaron en las elecciones celebradas por el gobierno estatal, a tenor de la ley de trabajo agrícola de California, de 1975.

Pero la ley que defiende sus derechos cesó de funcionar cuando el gobernador republicano George Deukmejian tomó posesión, en 1983. Deukmejian fue electo en 1982 con un millón de dólares en aportes de campaña procedentes de los cultivadores incorporados. Desde entonces, ha aceptado cientos de miles de dólares adicionales.

En vez de hacer cumplir la ley contra los que la infringen, Deukmejian invita a los cultivadores que infringen la ley a procurar socorro de sus designados políticos. Bajo el régimen de Deukmejian ha ocurrido lo siguiente:

  • La expedición de quejas contra los cultivadores que abusan de los trabajadores agrícolas se ha paralizado casi por completo.

  • El retraso de las acusaciones de los trabajadores agrícolas no investigadas contra los cultivadores ha llegado al cielo. Cientos de acusaciones presentadas por los trabajadores fueron dejadas sin efecto, sin haberlas investigado, para que el gobernador pudiera alegar que se había disminuido el atraso de los trámites.

  • Una reducción presupuestaria impresionante de 30% en la ejecución de la ley relativa a los trabajadores agrícolas, se enfocó en los investigadores, acusadores y jueces de audiencias, que protegen a los trabajadores agrícolas diariamente. Los empleados civiles del estado que insisten en hacer cumplir la ley dicen que se arriesgan a que se les castigue “por deslealtad” hacia un gobernador dominado por los cultivadores opulentos.

  • El trámite de cobrar millones de dólares por concepto de jornales atrasados, que los cultivadores declarados culpables adeudan a los trabajadores agrícolas por infringir la ley, ha sido eliminado. Muchos de estos cultivadores tienen nexus estrechos con Deukmejian, quien en los dos y medio años que lleva de gobernador, no ha tramitado un solo caso en que los tribunales hayan dictaminado que los cultivadores deben pagar el dinero debido a los trabajadores agrícolas.

  • Deukmejian ha transado casos en que los tribunales habían ordenado a los cultivadores que pagaran jornales atrasados a los trabajadores agrícolas, por sumas tan pequeñas como de diez centavos por dólar, con infracción de los reglamentos y las leyes laborales, nacionales y estatales.

  • Los trabajadores agrícolas que colaboraron en secreto con los fiscales del estado, informando sobre un cultivador que infringió la ley, descubrieron que los agentes de Deukmejian reportaron sus nombres al cultivador…a quien ya se había declarado culpable de ejercer represalias contra los empleados.

La administración de Deukmejian llega hasta a proponer que se restablezca el uso del azadón de mango corto, que rompe las espaldas a los trabajadores – una herramienta infame, declarada ilegal en 1975. Los trabajadores agrícolas que todavía son víctimas de abusos vieron desbaratadas sus esperanzas de una vida mejor, porque el Gobernador Deukmejian no quiere hacer cumplir la ley.

Ahora han puesto sus esperanzas en el apoyo del pueblo estadunidense, para que boicotee las uvas frescas de California (exceptuando al 3% de las uvas producido bajo contrato con los Trabajadores Agrícolas Unidos). ¡Y el boicot está funcionando!

A través de todos los Estados Unidos – en lugares como Boston, Chicago, Detroit, Los Angeles y Philadelphia – gobernadores, legisladores y alcaldes vienen involucrándose en el boicot. El sindicato a nivel nacional, AFL-CIO, respaldó al boicot. Grupos religiosos, de trabajadores, de estudiantes, de consumidores y de las minorías – los 17 millones de estadounidenses que la encuesta de Louis Harris dice que boicotearon a las uvas en el decenio de 1970 – están respondiendo nuevamente.

La explotación contra los trabajadores agrícolas y sus hijos es igualmente real hoy, como lo era hace 20 años. La lucha no ha terminado – sólo se ha renovado. Uds. ven, el tiempo no cura a la injusticia; sólo las personas pueden hacerlo.

(César Chávez es el presidente de los Trabajadores Agrícolas Unidos de los Estados Unidos. Como otros dirigentes y el personal administrativo del sindicato, aún gana $10 a la semana y los gastos mínimos. Vive en Keene, California.)

Propiedad literaria registrada por Hispanic Link, Inc., en 1985.

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