Reforma Migratoria: nadando entre dos aguas

ImmigrationRally_7_10_2013Maribel Hastings

America’s Voice, Washington, DC

El debate migratorio se suscita entre las divisiones republicanas sobre cómo abordarlo y el dilema que encara la Casa Blanca ante los pedidos de un freno a las deportaciones y alivio administrativo, de no concretarse la requerida solución legislativa permanente.

La cautela de ambos bandos ha resultado en un impase donde todo parece ocurrir en cámara lenta. Los republicanos que han “evolucionado” en su visión de la reforma migratoria no pasan de las palabras.

Dos de ellos, Eric Cantor, congresista republicano de Virginia y líder de la mayoría republicana de la Cámara baja, y Paul Ryan, republicano de Wisconsin y ex aspirante vicepresidencial en la mancuerna Romney-Ryan en 2012, participan juntos esta semana de un evento de recaudación de fondos para Cantor en Richmond, Virginia.

Tras oponerse a la reforma, Cantor propone conceder una vía a la ciudadanía para los Dreamers, que no ha pasado de propuesta.

Cantor repite como un papagayo la excusa republicana del día: ‘El pueblo no confía en que Barack Obama aplique las leyes debidamente y por eso no hay que aprobar una reforma migratoria’. También repite el oscuro pronóstico de que es improbable que este año haya reforma.

Ryan era el encargado de buscar el punto medio entre la petición demócrata de vía a la ciudadanía y el reclamo republicano de legalización sin ciudadanía; pero, de momento, no ha tenido éxito.

Por experiencia propia Ryan entiende que la reforma migratoria es necesaria para que su Partido Republicano compita por el voto latino.

En 2005 Ryan apoyó la Ley Sensenbrenner de criminalización de indocumentados. En 2010 votó en contra del Dream Act, y en el 2012, como aspirante vicepresidencial defendió la plataforma antinmigrante de Romney, que hundió al binomio republicano. Sólo 27 por ciento de los latinos votó por la mancuerna Romney-Ryan.

Pero sus comienzos políticos fueron marcados por conservadores con posturas migratorias pragmáticas, como Jack Kemp y William Bennett, de la organización Empower America, que en 1994 se opuso a la antinmigrante Proposición 187 de California.

Es un secreto a voces que Ryan tiene aspiraciones presidenciales y entiende que los republicanos necesitan del voto latino.

Pero ni siquiera la urgencia de competir por el voto latino en 2016 mueve a los republicanos.

La Casa Blanca y los demócratas mantienen un bajo perfil en culpar a los republicanos del estancamiento.

Es que mientras pulule la posibilidad de una solución legislativa, menos presión habrá –creen– sobre Obama para que use su pluma y conceda un alivio administrativo a los indocumentados, similar a la Acción Diferida o DACA de los Dreamers.

Empero, ya se siente la presión de muchas organizaciones sobre Obama, que está a punto de llegar a dos millones de deportaciones bajo su mandato.

Los votantes latinos que apoyan la reforma por empatía o por dolor propio entienden la dinámica.

Felipe Marroquín es un ciudadano estadunidense originario de Guatemala que lleva 24 años residiendo en Estados Unidos. Vive en Virginia, el estado de Cantor. Su esposa, también guatemalteca fue deportada hace casi dos años. Tienen dos hijas ciudadanas, de 23 y 19 años de edad. Su esposa, que tenía unos 15 años viviendo en Estados Unidos, tenía una orden deportación. Su familia está sumida en un mar de recursos legales y el dolor de la separación.

El señor Marroquín resume la realidad que viven millones esperando entre dos aguas por un alivio.

Marroquín se hizo ciudadano en 2008 pero no votó porque “estaba indeciso”. En 2012 lo hizo por Obama, el mismo año en que su esposa se convirtió en otra estadística de los deportados, bajo esta administración, que no suponen una amenaza para la seguridad del país.

Necesitamos una reforma que incluya la reunificación familiar, como en mi caso. Se votó por él (por Obama) porque iba a hacer algo positivo por los inmigrantes. No lo han dejado prácticamente los republicanos y él ha tratado de hacer lo que puede. Pero también su administración ha deportado más personas que otros gobiernos y eso incluye a mi esposa”, señaló Marroquín.

La situación de Marroquín envía un claro mensaje a los dos partidos de cara a las elecciones de 2016: los republicanos, de no impulsar la reforma, no serán una opción para los votantes latinos que necesitan para ganar la Casa Blanca; y los demócratas, como ocurrió en 2012 antes de que Obama concediera el DACA a los Soñadores, pueden enfrentar la apatía de los votantes latinos, especialmente si no hay algún tipo de alivio en ausencia de legislación.

Marroquín tiene claro que si las elecciones fueran hoy votaría por los demócratas, pero habría más motivación, dice, si Obama concede algún alivio si no hay reforma por la vía legislativa. “Me imagino que (Obama) tiene la potestad y el poder de parar las deportaciones o de hacer algo, como dar un permiso de trabajo, si es que no hay ninguna reforma”, agregó.

Su consejo: “Que (los republicanos) sometan la reforma a votación y si se decide que no, pues no”. Si hacen algo, pronosticó, las elecciones de 2016 “serán más cerradas” porque ahora con su inacción no dejan otra alternativa a los latinos que votar demócrata. A los demócratas, “que sigan la lucha y si no pasa nada (a nivel legislativo), que concedan algún alivio”. Después de todo, recordó, en 2016 los votantes latinos como él, ahora esperando entre dos aguas, pasarán factura.

Maribel Hastings es asesora ejecutiva de America’s Voice

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