Los niños separados de sus padres en la frontera siguen soportando daño sicológico

Un padre emocional abraza a su hijo por primera vez en meses, el 7 de agosto de 2018 en la ciudad de Guatemala, Guatemala. Foto: John Moore / Getty

Un padre emocional abraza a su hijo por primera vez en meses, el 7 de agosto de 2018 en la ciudad de Guatemala, Guatemala. Foto: John Moore / Getty

De la redacción

Los niños que protagonizaron recién una zaga de inmenso dolor y con serias consecuencias, no han desaparecido, están todavía por ahí, bajo la piel de la gente, opacada tal vez por el cúmulo de noticias negativas que emanan de la Casa Blanca, sobre intensos ataques y ofensas a los más vulnerables en este país, por parte del gobierno federal, pero el asunto de los niños está ahí, y este martes se hizo presente en los tribunales.

Miembros del Senado federal estadunidense interrogaron a funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), sobre la detención de las familias inmigrantes, ante “una montaña de advertencias recientes de expertos y funcionarios de salud pública sobre los efectos sicológicos negativos que puede tener la separación de la familia en los niños -y hasta en los adultos-, y la dramática detención posterior, a largo plazo, en esas “cárceles” improvisadas del gobierno, dice la publicación electrónica Pacific Estándard.

Sin embargo, funcionarios del DHS afirman repetidamente desconocer dichos efectos negativos de la detención de los niños. Pero el patrón de sus respuestas contrasta con la montaña de advertencias recientes de expertos y funcionarios de salud pública a cerca de dichas consecuencias irreversibles en la salud mental de los niños, resultado de la política de ‘Cero Tolerancia’ de la actual administración.

Entre tanto, dos altos funcionarios del gobierno de Trump, Mathers Albence, de Inmigración y Control de Aduanas, ICE, y Robert Pérez, de Aduanas y Protección Fronteriza, declararon no haber visto tales documentos de los expertos de su propio departamento general, el DHS, reportó ThinkProgres, uno de los primeros en abordar este delicado asunto.

Pacific Standard señala que una carta de dos médicos, expertos del DHS, circuló en julio y reveló que “las extensas investigaciones llevadas a cabo bajo las administraciones de Obama y Trump ‘demostraron que con frecuencia estas detenciones y separaciones violentas provocan graves problemas de comportamiento que dañan a los niños’”, según reportó entonces The New York Times.

Cuando se le hicieron preguntas a los agentes federales sobre la carta de los médicos, que indicaba a cerca de los efectos de la detención familiar, advirtiendo que “representa un alto riesgo de daño para los niños y sus familias”, tanto Albano como Pérez “admitieron que no habían leído la misiva”.

Y claro, están también las familias separadas de sus hijos pequeños, que quedan presos en ‘El Sistema’ de Estados Unidos, con padres que ya han sido deportados. De 400 progenitores que han vivido recientemente esta experiencia, sólo 21 niños se han reunido con sus familias en sus países de origen, dice por su parte PBS.

El daño psicológico que el sistema de Inmigración de Estados Unidos causó y sigue causando a miles de niños se notó ya ostensiblemente este año, luego de que varios videos de niños inmigrantes reuniéndose con sus padres se volvieron virales.

En los videos, “los niños aparecen abstraídos, remotos y vacíos, traumatizados; en algunos casos, parecen incapaces de reconocer a sus padres. ‘¿Qué le pasó a mi hijo?’, pregunta aterrada una madre, mientras su hijo se aleja de ella”, en uno de los videos.

El caso de la niñita Mariana, de 6 años de edad, que viajó desde Honduras con su padre y fueron detenidos y separados al cruzar ilegalmente la frontera para entregarse a las autoridades en busca de asilo, está narrado en un post cast de PBS. En su transcripción puede advertirse que a los muy pocos días, como ha sido el caso de cientos de padres y madres, Marianita fue enviada a un refugio para menores, en Nueva York, mientras su padre fue deportado rápidamente a Honduras.

Como se recordará, la administración Trump acaba de dar un nuevo zarpazo, reduciendo a su límite más bajo la cuota de admisiones para refugiados, 30 mil para 2019, el nivel más bajo desde 1980 en la historia de las cuotas de Inmigración a los extranjeros. Barack Obama abrió la puerta a unos 85 mil refugiados en 2016, y a unos 110 mil en 2017.

Han pasado tres meses y medio sin verse, de angustia y profundo dolor para Mariana y su padre, Misael Ponce Herrera, y para su madre, así como para el resto de esa familia rural de Honduras, que describe Yamiche Alcindor en el referido post cast.

“Muchas veces no duermo pensando en ella. Es algo que yo no le deseo a nadie. Uno no lo entiende hasta que uno pasa por eso. Es algo muy duro. Que ella esté tan lejos de nosotros”, dice Misael en la transcripción.

Yamiche Alcindor sostiene que documentos de la corte señalan que la administración Trump ha reunido mil 900 menores con sus padres, de unos 4 mil 500 en los últimos meses. Y que unos 200 niños y niñas han sido enviados con un patrocinador, quien se responsabiliza por ellos como si fueran una familia estadunidense (sólo que sin ciudadanía ni ningún otro estatus legal).

Pero además señala que “el número de reuniones de familias en el exterior es muy pequeño porque la administración de Trump ha hecho poco para ayudar a los padres deportados.

Ana Liliana Zúñiga, la madre de Marianita, dice que cuando ella le habla por teléfono, la niña no quiere hablar con ella. “Llora, y dice que por qué yo no quiero hablar con ella todos los días. Ella se enoja porque yo le digo que espere, que espere…”.

Y aunque hay pocas esperanza de que los padres deportados puedan regresar a Estados Unidos, “un juez federal dijo la semana pasada a la Unión de Libertades Civiles (ACLU) y al gobierno federal que necesitaban avanzar en el acuerdo de arreglo propuesto entre ambas partes, que permitiría a los padres que están en el extranjero regresar a Estados Unidos, volver a solicitar el asilo, presentar su caso por segunda vez y poder permanecer en este país porque tienen un miedo creíble y quieren un segundo intento”.
Pero la administración Trump no ha aceptado esa parte del acuerdo. Entonces, realmente está en el aire si estos padres deportados volverán o no. “Los defensores dicen que deberían tener la oportunidad de regresar a Estados Unidos porque Estados Unidos esencialmente los ha torturado al separarlos de sus hijos”, aunque “no está claro si podrán o no hacer eso”, concluye la fuente■

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