Las vejaciones de Trump contra Puerto Rico deben saldarse en 2020

Los zapatos frente al edificio del Capitolio en Puerto Rico representan las 4 mil 645 muertes atribuidas al huracán María. Foto: PRI.

Los zapatos frente al edificio del Capitolio en Puerto Rico representan las 4 mil 645 muertes atribuidas al huracán María. Foto: PRI.

Maribel Hastings

Cuando el avión se apresta a aterrizar en el aeropuerto Luis Muñoz Marín, de San Juan, Puerto Rico, llaman la atención no sólo el hermoso paisaje de mar y sol, sino el otro mar de toldos azules que a un año y ocho meses del huracán “María” siguen fungiendo como “techos” para más de 30 mil residencias en toda la isla.

Y los llamados “toldos de FEMA” no son el único recordatorio del paso del ciclón. Depende de donde usted viva, puede ver aún postes del alumbrado, árboles o puentes caídos, algunos paisajes cambiados. La fragilidad del servicio eléctrico siempre está presente como lo fue la fragilidad de la vida de quienes murieron, cuyas condiciones médicas empeoraron como consecuencia de no haber recibido por semanas y meses los tratamientos médicos requeridos.

El otro constante recordatorio del largo camino por recorrer en la recuperación de Puerto Rico es la enfermiza fijación de Donald Trump con la isla; sus constantes esfuerzos para frenar los fondos federales de asistencia a los que tiene derecho Puerto Rico como cualquier otra jurisdicción de Estados Unidos que atraviese por una situación similar.

Trump no desaprovecha cada oportunidad para atacar a la isla y a sus líderes, así como para diseminar falsedades en torno a la ayuda federal; como afirmar que Puerto Rico ha recibido 91 mil millones de dólares en asistencia del gobierno, cuando esa cifra es un cálculo de lo que podría requerirse, según lineamientos federales, en las próximas dos décadas.

A Puerto Rico se le han asignado 42 mil millones de dólares en fondos de asistencia para casos de desastre y, de esa cantidad, se han gastado aproximadamente 12 mil millones.

Para que se tenga una idea, el gobierno federal gastó casi 115 mil millones de dólares en la recuperación de los estados del Golfo de México afectados en 2005 por el huracán “Katrina”, donde se calcula perecieron mil 834 personas. En Puerto Rico se han gastado hasta ahora 12 mil millones de dólare y la cifra revisada de muertes en los seis meses tras el paso de “María” es de casi 3 mil decesos.

El viernes la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó un proyecto que asignaría 19 mil millones de dólares para los estados afectados por desastres naturales que no tiene el apoyo de Trump ni de los republicanos. La realidad es que Trump se opone porque se asignan fondos a Puerto Rico. Su prejuicio es evidente.

En Twitter, Trump señaló que el proyecto “lastima a nuestros estados, a nuestros agricultores y la seguridad fronteriza”, casi un lenguaje en código para decir que afecta a las personas blancas en los estados que lo catapultaron al triunfo; a los agricultores blancos que por cierto dependen en gran medida de mano de obra migrante e indocumentada, y al sector mayormente blanco que apoya la política migratoria de Trump de frenar la migración, darle un portazo a quienes vienen legalmente a solicitar asilo, y levantar un muro. Trump quiere el dinero para el muro y no para asistir a víctimas de huracanes, particularmente si proceden de un territorio estadunidense, como Puerto Rico, donde se habla español y donde residen más de 3 millones de hispanos.

Trump influye en la repartición de fondos federales que provienen del pago de impuestos de los contribuyentes, un gran porcentaje de los cuales son las minorías que tanto desdeña; incluidos los puertorriqueños que tributamos en Estados Unidos, o los propios indocumentados que tanto persigue (y que también tributan miles de millones de dólares anuales). Un individuo, Trump, que evade el pago de impuestos y que no comparte con el país sus declaraciones fiscales quiere dictar cómo se gasta el dinero que pagamos los que sí tributamos.

Y el mal trato de Trump hacia los puertorriqueños es una evidencia más de su prejuicio contra las minorías. Si desprecia a los puertorriqueños que son ciudadanos estadunidenses, qué pueden esperar los indocumentados o los migrantes que desesperadamente buscan asilo en Estados Unidos.

Es más, ese sector de anglosajones de clase media y trabajadora que lo siguen ciegamente creen que Trump “los apoya”, cuando en realidad sólo los ha utilizado con falsas promesas de campaña que en la práctica van en detrimento suyo. Ese sector parece sufrir del Síndrome de Estocolmo (que describe una experiencia psicológica paradójica, en la cual se desarrolla un vínculo afectivo entre los rehenes y sus captores); o aparentemente es más fuerte que otra cosa el prejuicio contra migrantes y minorías que comparten con Trump.

En fin, que Trump se porta como los dueños de las plantaciones que maltrataban a los esclavos, pero esperaban que estos se mostraran agradecidos.

Como dijo en Twitter: “Lo mejor que le ha pasado a Puerto Rico es Donald J. Trump”.

Pero lo mejor que le puede pasar a Puerto Rico es que los puertorriqueños de la diáspora no olviden en las urnas en 2020 las vejaciones de Donald J. Trump contra la isla.

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