Languideciendo con enfermedades mentales en una prisión de Pensilvania

La corta y terrible vida de las mujeres en la cárcel municipal de Pensilvania. Foto: womeninandbeyond.org.

La corta y terrible vida de las mujeres en la cárcel municipal de Pensilvania. Foto: womeninandbeyond.org.

De la redacción

El problema del encarcelamiento masivo en Estados Unidos es de por sí grave, pero se complica aún mucho más al tratarse de prisioneros con enfermedades mentales, a veces difíciles de reconocer (depresión, esquizofrenia, bipolaridad, abuso de alcohol y de sustancias, etcétera), cuando son admitidos a las cárceles federales o a las prisiones de los Condados. Sin embargo, los asuntos de la salud mental y los del sistemas de justicia penal por lo general se siguen tratando por separado, dice un estudio del Instituto Nacional de Salud.

Hemos señalado ya en este espacio que algunas prisiones, como la del Condado de Los Ángeles, o en el estado de Virginia decidieron atacar la sobrepoblación carcelaria con programas alternativos al tradicional encierro masivo y el aumento de custodios, y optaron por el ‘descarcelamiento’.

Por otro lado, la raza y la etnia suelen ser factores importantes en la encarcelación. Los condados por ejemplo, enviaron a prisión a más personas de los grupo minoritarios que de la población general con enfermedades mentales, dice el referido estudio del Instituto Nacional de Salud.

De tal suerte que en ocasiones estos presos sufren una doble criminalización, porque su comportamiento “raro” los conduce con frecuencia al confinamiento solitario y los hace víctimas de otros abusos carcelarios.

Tal es el caso de Elle (nombre ficticio para preservar su identidad), una exitosa joven negra de 34 años de edad que “tenía su propio apartamento en la ciudad de Nueva York, un trabajo estable en una oficina de abogados y estaba estudiando para el examen de admisión a la Facultad de Derecho”, dice un reporte de The Marshall Project y de Frontline (PBS).

Elle mantenía su estabilidad mental con medicamentos. “Parecía estable, tan estable que para aclarar su mente para la prueba, dejó de tomar su medicamento”. Y ahí comenzaron una serie de desafortunados acontecimientos, como sacados de una película de horror.

No era el primer episodio sicótico de Elle, pues en una ocasión terminó, sin saber por qué, en Georgia; en un refugio para desamparados… y luego en una cárcel del condado. “Pero esta vez –hace dos anos-, apareció en el condado de Bucks, Pensilvania, a casi 100 millas de su casa en Manhattan.

Elle fue arrestada mientras caminaba por la calle, sospechosa de robar dinero de una gasolinera”. No supo por qué se le arrestaba cuando fue admitida en esa prisión. Además, un juez de Pennsylvania “consideró a Elle incompetente para ser juzgada debido a su enfermedad mental”. Elle es esquizofrénica.

Dice la fuente que por lo genera, después de un fallo así “los acusados generalmente son trasladados a un centro de salud mental, con la esperanza de estabilizarlos lo suficiente para eventualmente comparecer ante el tribunal”. Pero con Elle las cosas no fueron así. Desde entonces se ha quedado atrapada en el laberinto del sistema de justicia criminal.

La madre de Elle, Anne Marcelline se pregunta: “Si no fue convicta, entonces qué hace en prisión?”. Y es que “Pensilvania es uno de los muchos estados que tiene muy pocas camas de hospital para los enfermos mentales que los necesitan, dejando a gente como Elle languidecer en la cárcel mientras esperan un lugar”, afirma The Marshal /Frontline.

Imagine Justice se une a madres, hermanas, hijas… Las mujeres son la población de más rápido crecimiento en las prisiones de Estados Unidos. Las condiciones en que se alojan muchas de ellas y el tratamiento que reciben son impactantes. Foto: # cut50.

Imagine Justice se une a madres, hermanas, hijas… Las mujeres son la población de más rápido crecimiento en las prisiones de Estados Unidos. Las condiciones en que se alojan muchas de ellas y el tratamiento que reciben son impactantes. Foto: # cut50.

Pensilvania se ha clasificado entre “los peores estados en cuanto a tiempos de espera, un problema nacional que, según los expertos, puede estar relacionado con la reducción del tamaño de los hospitales psiquiátricos y los recursos comunitarios de salud mental inadecuados”.

En algunos casos, añade la fuente, “las personas que enfrentan cargos menores han pasado más tiempo en la cárcel esperando para ir a un hospital que el tiempo que habrían servido si hubieran sido sentenciados”. No obstante, otros estados en todo el país están buscando posibles soluciones, “desde construir más camas hasta mantener a las personas con enfermedades mentales fuera del sistema de justicia por completo”.

Abogados, psiquiatras forenses y administradores de hospitales dijeron a la fuente que “el problema real es un sistema que no distingue entre quién necesita estar en el sistema de justicia y quién puede recibir servicios en un entorno comunitario más barato”.

Pero por otra parte, como hemos dicho ya, gobiernos locales en todo el país están probando formas de reducir el retraso. Estados como La Florida, por ejemplo, “manejan los casos de delitos menores en los que el acusado es incompetente en un entorno ambulatorio o comunitario”.

Otros estados han creado programas para “preparar a los acusados incompetentes para el juicio” mientras permanecen presos, cuando no hay una cama de hospital disponible. Así mismo, datos de los condados en California muestran que tales programas de devío de la cárcel a hospitales y otros servicios, la descarcelación, ahorran dinero; aunque los críticos dicen que la cárcel “nunca es el escenario adecuado para el tratamiento de la salud mental”.

Pero lo problemas de Elle no terminan aquí. “Marcelline descubrió que su hija había sido arrestada cuando un miembro de la familia buscó su nombre en línea”. Entonces la afligida madre viajó de Harlem a Pennsylvania para pagar la fianza de 2 mil dólares para llevarse a casa de su hija. Pero cuando Marcelline llegó por Elle, quién todavía se hallaba en medio de un episodio psicótico, ella se negó a irse de esa prisión. “Ella dijo, ‘¿Quién eres? Tú no eres mi madre, mi madre está muerta. Toda mi familia está muerta’… Pensaba que estaba en una nave espacial, y que no abandonaría las instalaciones. Y e preguntó al guardia: ‘¿Puedo volver a mi habitación ahora?’”.

Tras pagar la fianza Marcelline regresó sola a Harlem. Y horas mes tarde “esa noche, se liberó a Elle”. Pero poco le duró esta “libertad”. Pues pronto se descubrió que “dormía en el auto de un extraño adentro del garaje, con la guantera abierta. Elle fue arrestada nuevamente por traspaso ilegal y robo de un vehículo motorizado. (No está claro si faltaba algo en el automóvil, pero la guantera abierta fue suficiente para presentar cargos por robo).

Esta vez su fianza se fijó en 50 mil dólares. La fuente sostiene que “al juez le tomó seis meses dictaminar que Elle era incompetente para ser juzgada”. Por su comportamiento errático y por negarse a reunirse con el psicólogo de la prisión Elle fue a dar varias veces a confinamiento solitario. Marcelline, quien nunca dejó de estar al pendiente de su hija, “descubrió que no estaba recibiendo la medicina adecuada y que todavía estaba experimentando delirios… Están destruyendo a mi hija –dijo. Mi mayor temor es que ella nunca se recupere”.

Prisión para mujeres con enfermedades mentales en Filadelfia. Foto: ALU.

Prisión para mujeres con enfermedades mentales en Filadelfia. Foto: ALU.

Geron Gadd, director legal del Programa de Defensa de Discapacidades de Alabama dijo a la fuente que “las largas estadías en la cárcel en lugar de un hospital pueden empujar a los acusados más lejos de la claridad mental que necesitan para continuar con sus casos… Los síntomas de su enfermedad mental tienden a ser cada vez más extremos”.

Después de la decisión del juez Elle fue puesta en la lista de espera para ser admitida en el Hospital Estatal de Norristown, en Filadelfia. Permaneció en esa lista casi tres meses. “Los abogados de Elle no tuvieron éxito en una petición al tribunal para sacarla de la cárcel. Pero el juez se ofreció a dejarla al cuidado de su familia si ella acudía de inmediato a un tratamiento hospitalario en Nueva York.

Sin embargo Elle le dijo que quería vivir con su esposo (que no existe, según su familia) en Pennsylvania”. Y decidió no firmar un formulario de autorización para sus registros médicos, ni poner los nombres de sus familiares en su lista de visitas y se negó a salir de la cárcel.

Al mes siguiente Elle fue finalmente enviada al Hospital Estatal de Norristown. Allí le dieron medicamentos, sesiones de terapia y una educación básica sobre cómo funcionan los tribunales. Su condición mejoró: sus hermanos pudieron visitarla y hablar un par de veces con ella por teléfono.

Cuatro meses más tarde la encontraron competente “y la devolvieron a la cárcel del condado de Bucks para enfrentar los cargos de robo e invasión en su contra. El fiscal de distrito del condado de Bucks, Matthew Weintraub dijo que consideraría desestimar los cargos si Elle se aseguraba un lugar en un centro de tratamiento de salud mental y estaba dispuesta a ir”.

En mayo Elle finalmente apareció ante el tribunal. El juez desestimó los cargos de robo, “pero se mantuvo el cargo de traspaso al garaje y robo al automóvil del desconocido”. Su imputación formal está programada para este mes, y su fecha de juicio para octubre. “La quiero en casa. Rezo todos los días”, dijo Marcelina. “Debería ser tan simple…, déjame cuidar de mi hija. Deja que mi hija se vaya ya de la cárcel. No puedo aguantar más”■

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