La redistritación sigue haciendo su trabajo de zapa para favorecer a los republicanos

City-Council-District-NCs-CitywideMarco Vinicio González
Noticiero Latino, Nueva York

Una guerra mustia de baja intensidad se viene dando bajo la piel del país, ensombrecida por grandes temas que acaparan titulares, como Obamacare o Rusia, las elecciones para renovar buena parte del Congreso, los pasajeros del avión que salió de Malasia y se perdió, etcétera, pero que viene haciendo su trabajo de zapa moldeando distritos electorales para favorecer a un partido político, en este caso el republicano. Es una guerra de largo aliento que ha venido trabajando desde hace décadas, y que con recursos legaloides y poca oposición de sus adversarios demócratas ha venido construyendo desde abajo, apoderándose de asambleas estatales y concejos municipales en varios estados importantes del país.

Lo interesante es que estas plataformas regionales han dado frutos sustantivos, como en las elecciones de 2010, que fueron desastrosas para los demócratas; allí, estos perdieron 33 bancas y el control de la Cámara baja, y cedieron terreno también en el Senado, a pesar de que los candidatos republicanos sacaron 1.4 millones de votos menos que los demócratas, que no obstante conservaron la mayoría en el Senado, hasta ahora, aunque penden sobre ellos sombrías proyecciones para noviembre.

Cada 10 años, los Estados deben redibujar los límites de los distritos electorales del Congreso, para dar cuenta de los cambios demográficos en el nuevo censo; algunos estados agregan distritos mientras que otros los pierden, pero el total se queda en 435 representantes. Tras el Censo de 2010 ocho estados ganaron escaños. Arizona, Georgia, Nevada, Carolina del Sur, Utah y Washington, agregando cada uno un asiento. Florida agregó dos y Texas añadió cuatro, dice FairVote.

FairVote, o el Centro para el Voto y la Democracia sostiene que esta nación ha mantenido durante años la dependencia en un sistema donde el ganador se lleva todas las elecciones y los distritos uninominales para el Congreso, sin que rijan normas nacionales que regulen el proceso de votación abierta, sujeto a los abusos de la injusta práctica conocida como gerrymandering; una práctica que manipula líneas de distrito para favorecer a un partido o socavar al otro.

Durante décadas se han conocido lo poderes que la redistribución de distritos, con una larga tradición en Estados Unidos, tiene para otorgar ventaja a los funcionarios electos, proteger a la familia y socavar a los opositores. Es un “deporte de sangre”, dice FairVote, que ambos partidos han explotado, y que termina por minimizar el papel de los votantes en el proceso político. Es decir, termina socavando la democracia. “A través del gerrymandering los distritos, los legisladores y sus compinches políticos han utilizado la redistribución de distritos para elegir a sus votantes, y los votantes han tenido la oportunidad de elegir a sus representantes”, dice FairVote.

Lo peligroso de este semi invisible enemigo de la democracia, que se arrastra en las sombras de la política nacional y en general fuera de los reflectores de los grandes medios, han tenido efectos devastadores en Ohio, Michigan y Texas, por citar sólo algunos estados. Estas legislaturas han estado emitiendo leyes restrictivas que van en contra de las libertades civiles, como restringir el derecho al aborto e imponer medidas intrusivas al cuerpo de la mujer; o cerrando clínicas que dan servicios no sólo de asistencia en abortos sino generales y reproductivos en comunidades de bajos ingresos; o restringiendo el voto de las minorías, reduciendo días, removiendo horarios o lugares de votación, o el voto anticipado o por correo, o exigiendo identificaciones oficiales para poder votar; o desmantelando conquistas laborales como el derecho a un contrato colectivo y a la huelga, y destrozando sindicatos; o imponiendo programas policíacos persecutorios y terroristas contra los inmigrantes indocumentados, pobres principalmente y que no parecen caucásicos.

A pocos meses de las elecciones de noviembre, un despacho de AP recogido hoy por The Huffington Post señala que “incluso si los demócratas reclutan grandes candidatos, recaudan montañas de dinero y montan campañas inteligentes, son remotas sus perspectivas de recuperar el control de la Cámara de Representantes durante las elecciones de noviembre”.

De ser ciertas estas asunciones, podemos esperar entonces unos tres años más de parálisis en el Congreso, y de más dificultades para Obama. No sería descabellado incluso pensar que los republicanos seguirán rumiando su obsesión de derogar la Ley de Salud Costeable, que sin duda seguirá su inexorable crecimiento, cimentando su arraigo. Pero mientras tanto, siguen ganando terreno a nivel regional.

Hay que recordar que en estados como Ohio, Michigan y Carolina del Norte los republicanos lograron elaborar mapas electorales que concentran la mayor cantidad posible de votantes demócratas en la menor cantidad posible de distritos. Incluso en estados donde ganó Obama en su elección y reelección, la geografía tampoco cooperó, y sus votos estuvieron concentrados en pocos distritos, aunque densamente poblados. Fuera de ellos, el control quedó en manos de legislaturas republicanas.

De acuerdo con AP, los primeros frutos de esta década fueron cosechados en 2012, cuando los republicanos ganaron el control de la Cámara de Representantes, “a pesar del gran apoyo que recibió Obama al ser reelegido para un segundo término. Y es posible que sigan ganando terreno en los comicios de fin de año porque, al margen de la ventaja derivada de la redistribución de distritos, el partido en el gobierno generalmente pierde bancas en las elecciones de mitad de término”.

Diez estados por ejemplo perdieron escaños: Illinois, Iowa, Luisiana, Massachusetts, Michigan, Missouri, Nueva Jersey y Pennsylvania, cada uno perdió uno. Nueva York y Ohio perdieron dos escaños cada uno de ellos.

El asunto es complicado, y la rama judicial del gobierno federal ha hecho intentos por corregirlo. El Tribunal Supremo se ha pronunciado muchas veces sobre el tema. En general, los expertos dicen que los distritos de un estado no se pueden sacar para evitar a los votantes de minorías elegir a los candidatos de su elección, dice FariVote.

Antes de las elecciones de 2010 los republicanos tenían mayorías en 36 órganos legislativos estatales. Después de esa votación, controlaban 56, dice la Conferencia Nacional de Legislaturas Estatales: “En casi la mitad de los estados, los republicanos lograron el control de la totalidad del proceso de redistribución de distritos”.

Para comprender los patrones de votación en los distritos de la Cámara baja,Prensa Asociada dividió los votos de las elecciones presidenciales en los 435 distritos, reporta The Huffington Post.

“Dado que Obama sacó más votos que su rival republicano, Mitt Romney, uno tendería a pensar que ganó la mayoría de los distritos, pero no fue así”.

A nivel nacional Obama sacó casi 5 millones de votos más que Romney y sin embargo en algunos estados el grueso del voto demócrata se concentró en pocos distritos y Romney terminó ganando 17 distritos más que Obama, señala fuente.

Se dice que lo que se avecina en noviembre va arrojar lecciones, me temo que muy duras para algunos.

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