La irrealidad ‘trumpiana’ nos invade

Donald J. Trump y John McCain. Foto: www.blacsportsonline.com.

Donald J. Trump y John McCain. Foto: www.blacsportsonline.com.

Maribel Hastings

Si en el mundo paralelo de la presidencia de Donald J. Trump es “normal” burlarse de John McCain, un senador republicano federal, con cáncer cerebral, anglosajón y torturado héroe de la Guerra de Vietnam, imagínese qué puede esperar el resto de la gente; sobre todo si se trata de inmigrantes que para Trump y su pandilla son menos que humanos.

Lo mismo pensé cuando el troglodita guardaespaldas del entonces candidato Trump removió por la fuerza al periodista de Univision, Jorge Ramos de una rueda de prensa por hacer su trabajo y preguntarle cosas “incómodas” al antinmigrante Trump. Si Trump le dijo a Ramos “regrésate a Univision”, que equivalió a decirle “regrésate a México”, a un renombrado periodista y ciudadano naturalizado, qué pueden esperar los inmigrantes, particularmente los indocumentados.

El rechazo de McCain a la nominación de Gina Haspel para dirigir la CIA por haber implementado la tortura tras los ataques del 9-11 y posteriormente haber destruido evidencia al respecto, llevó a una empleada de la Casa Blanca, Kelly Sadler, a “bromear” en una reunión de personal diciendo que la oposición de McCain no importa, “pues de todos modos se está muriendo”.

Lo curioso es que analistas, políticos y la prensa en general se preguntan ¿por qué la Casa Blanca no se ha disculpado por el ataque a McCain? ¿Por qué le siguen pidiendo peras al olmo? ¿Cómo puede la Casa Blanca disculparse si el presidente Trump es el primer bully en jefe, que durante la campaña declaró que McCain no era un héroe de guerra porque fue capturado?: “Y a mí me gustan los que no fueron capturados”, dijo.

Esto lo a Trump, quien evadió servir en la Guerra de Vietnam argumentando tener espolones en los pies, y mientras McCain era torturado, Trump andaba libre como hoja al viento mintiendo para evadir el servicio militar. Pero en el mundo paralelo de su presidencia, el cobarde Trump se canta defensor de los veteranos y de los militares, y esos mismos veteranos y militares le creen el cuento. Y el sector militar de su base de apoyo prefiere atacar a McCain y defender a Trump.

En ese mundo paralelo tenemos a una Primera Dama, Melania, inmigrante, pero blanca y no de los países que su marido cataloga de “mierderos”. Esa Primera Dama tiene la osadía de promover un programa para combatir el bullying cibernético, cuando su propio marido, el presidente, es el mayor bully en los alrededores y en todas las plataformas: en Twitter, en mítines, en reuniones de Gabinete. Se ha burlado de mujeres y discapacitados, ataca a sus propios secretarios de Gabinete o aquellos funcionarios que le suponen una piedra en el zapato, sobre todo si son del FBI o del Departamento de Justicia.

También en el mundo paralelo de Trump sólo los inmigrantes que proceden de América Latina y de otras naciones que no sean de la preferencia del presidente son vistos como entes que nunca se asimilan y sólo aportan males y problemas a este país.

Para el Jefe de Gabinete de Trump, John Kelly, un general de cuatro estrellas que le sirve fielmente al evasor militar, los inmigrantes que cruzan sin papeles la frontera sur tienen varios elementos en su contra que les impiden asimilarse y contribuir a esta nación: no hablan inglés, carecen de formación educativa y provienen de lugares mayormente rurales.

Lo irónico es que esas tres cosas describen a algunos de los antepasados del propio Kelly, antepasados que, por cierto, también sufrieron el desprecio de sectores antinmigrantes que no veían con buenos ojos el arribo de irlandeses e italianos, de donde son los antepasados de Kelly, quien terminó sirviendo honorablemente en las Fuerzas Armadas; aunque su servicio a un presidente como Trump manche esa honorabilidad. También denota amnesia o quizá se trate simplemente de que Kelly apoya y promueve la agenda antinmigrante de Trump.

En el mundo paralelo de Trump el Partido Republicano conservador y de valores familiares le ha dado paso a un Partido Republicano amoral que para controlar el poder le ha vendido el alma al diablo. Si no, remítase a la vergonzosa conducta del “patriota” paladín de la “rectitud”, las “normas” y la “religión”, el vicepresidente Mike Pence. Abraza y defiende al alguacil Joe Arpaio, encontrado culpable de desacato al tribunal por emplear perfiles raciales (discrimar) contra hispanos. Y defiende al mentiroso presidente a pesar de su presumible adulterio, sus excesos y sus dudosas conexiones rusas que siguen en investigación.

Y en ese mundo paralelo los líderes republicanos del Congreso, o las bancadas republicanas de ambas cámaras son cómplices de Trump por su silencio y por ser marionetas del presidente.

Le ha tocado al decano McCain, al defensor de los inmigrantes McCain, con todo y su enfermedad a cuestas volver a dar una lección de honorabilidad denunciando los excesos de Trump y haciendo un llamado a la cordura, no sólo a su Partido Republicano, sino a una nación que mira impávida cómo el mundo paralelo de Trump se convierte en norma.

Maribel Hastings es asesora ejecutiva de America’s Voice

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