El mito del inmigrante criminal

Manifestantes se reúnen en Battery Park y marchan a las oficinas de Inmigración y Control de Aduanas en Manhattan para protestar contra la orden del Presidente Trump . Foto: Bryan R. Smith/AFP.

Manifestantes se reúnen en Battery Park (NYC) y marchan a las oficinas de Inmigración y Control de Aduanas en Manhattan para protestar contra la orden del Presidente Trump . Foto: Bryan R. Smith/AFP.

De la redacción

Existe un socorrido mito en Estados Unidos acerca del vínculo entre la inmigración y el crimen, pero existe sólo en la imaginación de los estadunidenses y no en ninguna otra parte, dice un análisis reciente de The Marshall Project, organización no lucrativa de periodismo enfocado en la justicia criminal. Afirmaciones de que los inmigrantes traen el crimen a Estados Unidos “formaron la base de la política de Inmigración durante el primer año del gobierno de Trump”, mensajes que iban a aterrizar en el último de sus objetivos: las ciudades santuario.

Como pudo observarse, todavía la semana pasada el presidente Trump, como de costumbre sin aportar una sola prueba, o mejor dicho contradiciendo la evidencia científica, declaró a The New York Times que “Todos los días, las ciudades santuario liberan en nuestras comunidades a inmigrantes ilegales, traficantes de drogas y de personas, y a pandilleros… Son refugios seguros para algunas personas terribles”.

The Marshall Project señala que la firma encuestadora Gallup, a partir de 2017 halló que casi la mitad de los estadunidenses encuestados estuvo de acuerdo en que “los inmigrantes empeoran la delincuencia”. Pero, ¿es esto verdad, que la inmigración impulsa el crimen? Muchos estudios han demostrado que no.

Las poblaciones de inmigrantes en Estados Unidos, sostiene el Proyecto Marshall, han estado creciendo rápidamente durante décadas. “Sin embargo, el crimen en el mismo período se ha movido en la dirección opuesta, con la tasa nacional de delitos violentos en la actualidad muy por debajo de la de 1980”. Es decir, la curva ascendente del crimen violento se mantuvo más bien plana, horizontal.

Es más, “entre 2007 y 2016 los delitos violentos disminuyeron ligeramente y de manera similar en la mayoría de las áreas geográficas del país, independientemente de si la población indocumentada aumentó o disminuyó”.

Por otra parte, en una colaboración a gran escala entre cuatro universidades, dirigida por Robert Adelman, sociólogo de la Universidad Estatal de Nueva York en Buffalo, “los investigadores compararon las tasas de la inmigración con las tasas de la delincuencia en 200 áreas metropolitanas durante las últimas décadas”. Las áreas seleccionadas, dice Marshall, incluían enormes centros urbanos como Nueva York, y centros de manufactura más pequeños, de menos de una centésima del tamaño de Nueva York. Tal es el caso de Muncie, Indiana.

Según los datos del estudio, “una gran mayoría de las áreas tienen muchos más inmigrantes hoy que en 1980 y menos crímenes violentos”. El Proyecto Marshall amplió estos datos hasta 2016, y demostró que “la delincuencia se redujo con más frecuencia de lo que aumentó, incluso cuando las poblaciones de inmigrantes crecieron casi en todos los ámbitos”.

Agrega: “En 136 áreas metropolitanas, casi el 70 por ciento de las áreas estudiadas, la población inmigrante aumentó entre 1980 y 2016, mientras que la delincuencia se mantuvo estable o disminuyó”. Y en 54 de esas áreas donde aumentó la delincuencia, la inmigración fue mucho menor; o sea, un poco más de una cuarta parte del total. Y lo que es más, “los 10 lugares con los mayores aumentos de inmigrantes tuvieron menores niveles de delincuencia en 2016 que en 1980”.

De tal manera que una gran cantidad de investigaciones han demostrado que no hay una conexión causal entre la inmigración y el crimen en Estados Unidos. Aun así, después de que el año pasado The Marshall Project y The Upshot (sección de análisis estadístico del Times) realizaran un estudio conjunto, “los lectores tuvieron una queja importante: muchos argumentaron que eran inmigrantes no autorizados quienes aumentan el crimen, no los inmigrantes” en general.

Pero el análisis con los nuevos datos del Proyecto Marshall ahora puede ayudar a abordar esta pregunta, sugiriendo que “el crecimiento en la inmigración ilegal no conduce a tasas más altas de delincuencia local”. Decía un viejo filósofo que había que remachar con el martillo, para que se entienda el mensaje.

Es difícil recopilar datos sobre inmigrantes indocumentados en parte porque han sido objeto de pocos estudios, incluidos los relacionados con el crimen. Pero el Pew Research Center publicó recientemente estimaciones de poblaciones indocumentadas clasificadas por área metropolitana, que el Proyecto Marshall ha comparado con las tasas de delincuencia locales publicadas por el Buró Federal de Investigaciones, el F.B.I. “Por primera vez, existe la oportunidad de un análisis más amplio, de cómo la inmigración no autorizada podría haber afectado los índices de delincuencia desde 2007”, señala por su parte el Times.

Y sin embargo, el argumento de que los inmigrantes traen el crimen a Estados Unidos ha impulsado restricciones a la entrada, a los viajes ya las visas; una mayor vigilancia de la frontera; planes para un muro a lo largo de la frontera con México. Y por si esto no fuera suficiente, durante el mes de marzo “el Departamento de Justicia presentó una demanda contra California en respuesta a las restricciones estatales a la policía local para ayudar a los agentes federales de Inmigración y Aduanas (ICE) a detener y deportar a inmigrantes indocumentados acusados de delitos”. Y ese mismo mes “el Condado de Orange, California, firmó en apoyo de esa demanda”. Pero mientras que la población inmigrante en el condado se ha más que duplicado desde 1980, el crimen violento en general ha disminuido en más del 50%.

Estos no han sido los únicos estudios que demuestran que la inmigración –indocumentada o no- no aumenta el crimen, dice el Proyecto Marshall. Una amplia encuesta publicada en enero de este año examinó años de investigación sobre la conexión entre el crimen y la inmigración, y concluyó que en una gran mayoría de estudios no se encontró una relación directa entre ambas categorías, sino más bien una relación beneficiosa, en la cual las comunidades de inmigrantes, incluidos los indocumentados, brindan revitalización económica y cultural a los vecindarios a los que se unen o adoptan como su hogar■

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