Cuando el futuro nos alcanza: la agricultura, orillada al dilema de la robótica o las H-2A

Agricultura mecanizada. Foto: Wikipeddia.

Agricultura mecanizada. Foto: Wikipeddia.

De la redacción

El clima hostil que ha construido decididamente la administración Trump contra la inmigración, ha golpeado entre otros sectores de la economía a la agricultura. Tanto trabajadores del campo como propietarios de granajas de cultivo se han visto seriamente afectados con el caótico comportamiento del gobierno y las fuerzas del mercado.

El clima politico intoxicado que se respira en el país parece estar orillando a los agricultores a enfrentar una difícil disyuntiva: automatizar las granjas y los trabajos con robótica, o explorar complicados programas burocráticos de visas agrícolas H-2A para contratar trabajadores extranjeros. Pero en cualquiera de los casos, aseguran expertos, el resultado haría más caro producir en las granjas, y elevaría el precio de los productos en las tiendas de comestibles.

La falta de abundante mano de obra campesina, como en el pasado, se ha visto menguar en la última década. Y el trabajo en los campos de cultivo se realiza cada vez más con un número reducido de trabajadores, ya sea por las redadas de los agentes de Inmigración y Control de Aduanas, ICE, o por el retiro voluntario de muchos que temen ser deportados y antes de que eso suceda deciden regresar a México. O las “políticas” de importación con amenazas de subir los aranceles a productos agrícolas importados, etcétera. Sin embargo, el trabajo continuaba y los estadunidenses podían ver sus aguacates y manzanas, sus lechugas, vegetales y legumbres todavía a precios razonables en la tienda de conveniencia. Cualquiera que visite con alguna frecuencia un supermercado ha podido constatarlo.

Pero la administración Trump no considera el clamor de los propietarios de granjas que reclamaban al gobierno estar perdiendo trabajadores por sus “políticas” de Inmigración; directrices que no previeron consecuencias y que mucho menos cuentan con un plan alternativo para dichos productores agrícolas, que se han ido quedando sin fuerza de trabajo; sin esos trabajadores que laboran excesivas jornadas por salarios muy bajos, como los inmigrantes y particularmente los indocumentados.

Hoy el USA Today ilustra esta situación con la historia de Isidro Fuentes, un productor propietario de Ocean Mist Farms, en Coachela, en ese rico vergel del valle central de California llamado por algunos “la ensaladera” del nación; donde se produce casi la mitad de las frutas y verduras que se consumen en Estados Unidos. Ahora, a sus de 56 años de edad a Isidro Fuentes lo ha alcanzado el futuro: se ha visto obligado a automatizar su trabajo, y él mismo monta su tractor y trabaja su granja solo, porque los 30 trabajadores que tenía hasta el año pasado se le han ido. Y los que se han quedado quieren un mejor salario.

Otros factores han contribuido también a la escasez de mano de obra que ha prevalecido durante una década, dice la fuente, “impulsada en parte por la falta de reemplazos para una fuerza laboral envejecida, la nueva ley de pago de horas extra de California, y la retórica tensa de la administración de Trump sobre la inmigración”. Todo esto junto, dice, ha aumentado la preocupación entre los agricultores y mermado el deseo de trabajar la tierra.

Los trabajadores agrícolas que habitualmente cruzaban la frontera norte de México para labrar la tierra por temporadas, “ahora expresan profundos temores acerca de hacer el viaje, cortando efectivamente la oferta de mano de obra al sur de la frontera” estadunidense, y a menudo se ven obligados a dejar los cultivos lucrativos “para morir en la vid o vender productos de alto precio como las fresas a los fabricantes de mermelada a un precio reducido”.

Por eso, algunas granjas como Ocean Mist “esperan cambiar el rumbo financiero al confiar en los robots y la mecanización”. Otros han optado por lidiar con el complicado papeleo del programa de visas H-2A para importar temporalmente una fuerza laboral internacional. “O pueden cambiar a cultivos menos intensivos en mano de obra, u operar en México”, y hasta posiblemente cerrar sus negocios por completo.

“Debido a que tenemos poco control sobre los precios del mercado, nos veremos obligados a buscar otras opciones”, dice por su parte Steve Maddox, socio gerente de Maddox Farms en el condado de Riverside, al este de Los Ángeles, que tiene mil vacas lecheras y también cultiva almendras y uvas.

Eso significa que algunos agricultores de California continuarán cultivando la tierra tratando de equilibrar la necesidad de pagar a los trabajadores y obtener ganancias con el deseo de simplemente permanecer en el negocio.

Los trabajadores agrícolas, las personas que hacen el trabajo de cultivo agotador que al parecer nadie más quiere hacer, están aplastados entre las fuerzas del mercado y la acalorada retórica de la Casa Blanca sobre inmigración, sin una solución fácil a la vista■

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