Al presidente le pisa la cola una densa nube de acusaciones por conducta ilegal

De la redacción

El presidente Trump se halla sitiado bajo una amplia lista de acusaciones legales que se extienden hacia el gabinete de su gobierno, sus socios comerciales, sus asesores políticos y familiares, y se hallan bajo cargos y acusaciones de culpabilidad por parte de diversas ramas de la justicia.

El caso más reciente de los desmanes de la administración Trump es el del Secretario del Interior, Ryan Zinke, una figura clave en el amplio plan del presidente Trump para desregular el marco nacional del medio ambiente, quien se vio forzado a renunciar este sábado bajo al menos una media docena de acusaciones judiciales. En menos de dos años, Zinke es el cuarto miembro del Gabinete en irse por conducta antiética.

El escrutinio judicial al que se halla actualmente sujeto Trump profundiza hasta alcanzar prácticas de sus hijos Donald, Eric y el principal asesor y yerno del mandatario, Jared Kushner (colusión con Rusia), así como la hija del presidente, Ivanka Trump (negocios presuntamente ilícitos). Pero la cosa no queda ahí, y hunden sus raíces también en los negocios de su difunto padre.

Un hecho histórico que rescató por ejemplo The Washington Post el año pasado, ocurrió en 1927 cuando retomando una historia del viejo periódico Brooklyn Daily Eagle señaló una violenta escaramuza entre la policía de Brooklyn (NY) y un grupo del Ku Klux Klan (KKK), con capuchas e indumentaria blanca característica de este grupo racista y letal. Tras los violentos acontecimientos, durante una celebración del Memorial Day, un grupo de encapuchados resultó arrestado por la policía; entre éstos, se hallaba nada menos que Fred Trump, padre del actual presidente de Estados Unidos, entonces miembro activo del KKK.

De esta suerte sitian a la administración Trump –y a su propia persona-, investigaciones y acusaciones de carácter legal, impulsadas con enjundia por el fiscal especial, Robert Muller y su destacado equipo de fiscales y abogados de alto perfil nacional. También están las investigaciones de la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York, que escapan al alcance de un auto perdón presidencial por hallarse fuera de la esfera de influencia del gobierno federal.

Todo esto ha demostrando una distracción constante de su agenda de gobierno, dice Prensa Asociada (AP). “Hasta ahora, gran parte ha sido lanzada por fiscales federales y supervisores gubernamentales que evitan el partidismo. Es seguro que la intensidad aumentará el próximo año cuando los demócratas asuman el control de la Cámara y el poder de la citación que la acompaña”.

Desde luego el presidente descarta cualquier posibilidad de ser sentenciado y revocado su mandato, y en su cuenta de Twitter llama a esto una “cacería de brujas” por motivos políticos. Pero esto, dice la fuente, “revela cuán consumido está –Trump- por el escrutinio”.

Cal Jillson, politólogo e historiador de la Universidad Metodista del Sur, en referencia al referido escrutinio dijo a The New York Timesque todas estas actividades agotan la energía: “Desvían la atención y simplemente impiden dirigir porque los oponentes están en armas contra ti… Se debilita a tus amigos y alienta a tus enemigos”.

En el terreno político Trump puede terminar el año sin un Congreso liderado por los republicanos; y sin obtener los 5 mil millones de dólares que desea para la construcción un muro fronterizo. Un egreso que ni a muchos republicanos parece interesarles realmente.

Con todo, un conteo realizado por Brookings Institution (centro de investigación conservador), señala que más del 60 por ciento de los principales asesores de Trump se han ido en los primeros dos años. “Una tasa de rotación que supera a los cinco presidentes anteriores, dice por su parte The HuffPost. Agrega que además, “10 secretarios del gabinete han partido, más de lo que sucedió en este renglón con Barack Obama, George W. Bush y Clinton en los primeros dos años de sus gobiernos.

Y ahora, Santa Claus traerá como regalo de navidad a la Casa Blanca un nuevo Jefe de Gabinete, con la inminente artda de John Kely. El impopular Mick Mulvaney, jefe de presupuesto de Trump cumplirá al mismo tiempo e indefinidamente la doble función  como jefe de presupuesto y de personal del gobierno federal.

Y lo peor es que a medida que aumentan la nuevas revelaciones de los acusados que cooperan con Muller, que comprometen incluso al presidente, como las de su ex abogado, Michael Cohen afirmando que Trump dirigió los pagos ocultos para mantener calladas, en las últimas semanas de la campaña de 2016 a las mujeres con quienes spuestamente sostuvo asuntos extramaritales. Porque “Tal pago violaría las leyes de financiamiento de campañas”, dice la fuente.

Aun así, pocos republicanos se han disociado públicamente de Trump. “Pero en privado, a algunos legisladores les preocupa que las investigaciones dañen sus perspectivas de reelección y sus posibilidades en las elecciones de 2020 para la Cámara de Representantes y el Senado”. Del mismo modo que opacan también las intenciones de reelección del propio Trump.

Además, fiscales de Maryland y el distrito de Columbia demandan a los negocios familiares del presidente con otros gobiernos extranjeros y jefes de Estado, por conflictos de interés. Tal es el caso del hotel de Trump en Washington, DC, y del incierto destino de los 100 millones de dólares reunidos para las actividades de inauguración de la presidencia en 2016, que al parecer parte de este dinero sobrante -unos 40 millones- fueron a parar a una de las organizaciones “caritativas” de Trump.

Además, un informe The New York Times aegura, remontándose a las transacciones de su padre, Fred Trump, que Trump y su familia hicieron trampa en sus declaraciones de impuestos durante décadas.

Por su parte, las autoridades de Nueva York alegan en una demanda que Trump llamó ilegalmente a su Fundación como “caritativa”, a fin de resolver disputas legales, ayudar a su campaña para presidente y cubrir los gastos personales y comerciales de él y su familia■

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