Acción de los 9 dreamers reaviva el debate sobre la reforma migratoria

Samuel Orozco

Noticiero Latino, Oakland, CA

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Cada vez que el movimiento por la reforma migratoria languidece o se atora, un refrescante y creativo movimiento político juvenil, conocido como los ‘soñadores’ o dreamers saca la cara y nos sorprende con sus audaces acciones. Como este último acto de desobediencia civil -¿o acto de acción política directa?- que a decir de expertos ha hecho historia, y ha atizado el debate sobre dicha reforma, dándole más bríos tanto en el ámbito político como en la esfera de la opinión pública. En su programa noticioso, Línea Abierta, un foro virtual de discusión sobre acontecimientos relevantes sobre todo para la comunidad inmigrante y latina de Estados Unidos, Radio Bilingüe aborda este tema. En esta ocasión –lunes 12 de agosto- dentro del programa de Línea Abierta que conduce, el director de Noticias e Información de Radio Bilingüe, Samuel Orozco (SO) entrevistó a Lizbeth Mateo (LM), una de las protagonistas del más reciente episodio de los 9 dreamers. 
 

Hoy les traemos la historia de los DREAM 9 –los 9 del DREAM. Nueve jóvenes activistas que trataron de cruzar la frontera por la puerta de Nogales, Arizona, y tras ser detenidos fueron encarcelados en uno de los más tristemente notorios centros de detención de inmigrantes. Algunos jóvenes fueron castigados con cárcel dentro de la cárcel, por seguir protestando tras las rejas. Hoy por fin andan libres bajo palabra, después de solicitar el amparo del asilo político.

Son nueve jóvenes (Lizbeth Mateo, Adriana Paola Gil Díaz, Lulú Martínez, Claudia Amaro, María Peniche, Marco Saavedra, Seferino Santiago, Mario Félix, Luís León) que han vivido por años sin papeles en Estados Unidos. Salieron del país y trataron de regresar por la puerta fronteriza de Nogales, en Arizona, vestidos de la toga y el birrete usual de las graduaciones escolares. Los jóvenes sabían que los podían arrestar y castigar con reclusión. Pero querían manifestar así su repudio a las políticas de deportación.

Dos de los nueve habían sido deportados con anterioridad. Otros cuatro habían salido del país voluntariamente hace tiempo. Los tres restantes vivían en Estados Unidos y tomaron en semanas recientes la decisión de salir del país con el expreso fin de apoyar a los demás a volver, y de ponerle el cascabel al gato de las leyes migratorias del país.

Luego de presentarse en la puerta fronteriza y solicitar asilo, el pasado 22 de julio los nueve jóvenes fueron internados en el Centro de Detención de Eloy -a medio desierto, entre Phoenix y Tucson, Arizona-, donde algunos fueron sometidos a más castigos y de donde salieron hace cinco días al demostrar que tienen temor de que sus vidas corren peligro en su país, México, como parte de su solicitud de asilo.

En este programa, oiremos desde Los Ángeles de una joven protagonista, Lizbeth Mateo, una de los DREAM 9 y miembra de la National Immigrant Youth Alliance.

La entrevista:

SO: Lizbeth, cuéntanos del momento en que intentaron cruzar por la puerta fronteriza, ¿qué recuerdas?

LM: Pues recuerdo que había mucha gente, más de lo que yo me imaginaba… Estaban pidiendo que nos dejaran regresar a casa, estaban haciendo mucho ruido. Realmente demostrando el apoyo hacia nosotros, no sólo del lado de Estados Unidos sino también del lado mexicano. Casi no podíamos pasar, había muchísimos medios de comunicación, y entonces empezamos a pasar uno por uno, y en cuanto llegamos a hablar con los oficiales, nos detuvieron, nos dijeron que nos iban a tomar en custodia; se portaron muy bien, porque obviamente había muchísimos medios de comunicación, y de ahí fuimos trasladados a un centro de procesamiento.

SO: Ahora, tú Lizbeth, junto con otros dos miembros asociados a la National Immigrant Youth Alliance decidieron dejar el confort de sus hogares, convergieron desde diversas ciudades, tengo entendido que de Nueva York, de Los Ángeles y de otras ciudades, y se pusieron de acuerdo para ir a México, para traerse a seis amigos dreamers que habían sido deportados, o que vivían ya en México… ¿Cuál fue el plan, qué se proponían?

LM: El plan era traerlos de regreso. La meta siempre fue poder lograr que esos muchachos se regresaran a casa. Nosotros tres que salimos, somos indocumentados, hemos vivido con el miedo de que nos deporten; quizás con la duda de si debíamos quedarnos en este país, donde ya no podemos estudiar, no podemos trabajar legalmente, y hemos pensado muchas veces en ir, de regreso a México. Por lo menos en mi caso, eso pasó varias veces. Entonces me pongo en los zapatos de esos muchachos, de otros seis que querían regresar a casa, que han intentado todo, y habían aplicado para visas, para distintos permisos para poder regresar, y todo se había venido abajo. Entonces esta era la última oportunidad para ellos.

SO: ¿Ustedes tres que salieron del país, tenían los papeles de la Acción Diferida?

LM: No, ninguno de los tres tenía Acción Diferida.

SO: Ustedes fueron detenidos en el Centro de Detención de Eloy, que por cierto es manejado por una empresa privada; una empresa que lucra con el negocio de encerrar inmigrantes. Allí, algunos de ustedes fueron sometidos a más castigos. Tú  fuiste puesta en los ‘hoyos’, fuiste segregada en confinamiento solitario. ¿Cómo estuvo ese incidente? ¿Cómo fue, qué ocurrió?

LM: Bueno, ocurrió porque los primeros tres días que estuvimos ahí no teníamos acceso a teléfono, no podíamos comunicarnos con nuestras familias, no podíamos comunicarnos con nuestros compañeros que estaban afuera, y nos dijeron que no nos iban a dar acceso a tarjetas de teléfono si no hasta la siguiente semana. Entonces dijimos: No, eso no puede ser. Tenemos que hacer algo, y comenzamos una huelga de hambre. Los guardias entonces nos dijeron: Está bien, si van a tener una huelga de hambre los vamos a encerrar. Y nos encerraron a tres de nosotras… Yo duré cinco días en huelga de hambre, y siempre encerrada; no podía salir, si salía era como… se suponía que tenía que salir una hora cada día, pero me sacaron por 15 minutos, o 20 minutos; y nada más que para bañarme. Para tratar de hacer una llamada telefónica, que igual no podía… porque tenía los números restringidos, no podía hablar con nadie. Estuve tomando pura agua, nada más. Me dijeron que si me ponía muy débil me iban a llevar a un hospital, y que si me rehusaba a comer iban a conseguir una orden de un juez para forzarme a comer, a través de una sonda que te ponen por la nariz; es muy dolorosa, es el mismo proceso que usan Guantánamo Bay, para darle de comer a los presos ahí.

SO: Dices que estuviste cinco días en huelga de hambre, y que las autoridades decidieron encerrarte. Tengo entendido que estuviste encerrada en confinamiento solitario, ¿es esto cierto?

LM: Si. Eso es cierto. Estuve aislada de todas las demás mujeres, sola todo el tiempo, cinco días, no tenía acceso a nada ni a nadie.

SO: Puedes contarnos sobre la reclusión solitaria, ¿cómo es?

LM: Si, para nosotras fue un poquito más distinto que para las otras mujeres. A nostras nada más nos pusieron en una celda, completamente solas, y no teníamos acceso a nada; pero realmente el ‘hoyo’… la forma en que otras mujeres me han contado, es una celda totalmente aislada también, de todas las demás mujeres; y ahí meten a las mujeres, les quitan la ropa, les echan cubetazos de agua de vez en cuando, las dejan sin comer por días, y todo para darles una lección a ellas, pero también para darle una lección a las demás mujeres, no; de que si se quejan, de que si hacen muchas preguntas o protestan por algo, ¡eso es lo que les va a pasar! Con nostras no hicieron eso porque ellos sabían que había muchos medios de comunicación… y estábamos recibiendo cartas de personas de afuera que nos estaban mostrando todo su apoyo. Y luego había vigilias afuera. Entonces, ellos veían que siempre había mucha publicidad alrededor del acaso, y no querían obviamente castigarnos de la misma forma como castigan a las otras mujeres, porque íbamos a salir y contar todo lo que había pasado. Pero también fue my difícil.

SO: Desde hace cinco días ustedes andan libres, tras una solicitud de asilo político. Pasaron por una audiencia en la que tuvieron que probar que de veras tienen miedo de vivir en México, que se sentirían perseguidas… ¿Cuáles fueron sus argumentos para ganar el derecho a solicitar el asilo?

LM: Todos nosotros tenemos distintas historias. Pero creo que hay algo que tenemos en común, y es que crecimos en Estados Unidos y no conocemos México; entonces es difícil, no, vivir ahí cuando la gente te señala. Porque la gente sabe que tú no creciste en ese país… Pero también me tocó ir a Oaxaca, y a pesar de que yo, bueno, yo hablo español, no hablo zapoteco, que es la lengua que hablan allá en el pueblo donde yo nací. Y pues todo mundo me preguntaba, tú no eres de aquí, tú no naciste aquí, ¿de dónde vienes? Y hasta los policías me preguntaban eso. Entonces siempre tuve que estar con alguien más junto a mí. Y mis primos me llevaban a todos lados, y mis tíos, mi abuelo… yo pensé que estaban jugando pero me decían, No puedes salir sola a ningún lado, tienes que estar con alguien más. Y yo digo, pues que, no me voy a perder, soy muy independiente, siempre he sabido qué hacer; por lo menos en Estados Unidos siempre he vivido sola, he viajado…, y fue muy distinto en México. Eso es lo mismo que pasaron las otras muchachas y los otros muchachos, sintiéndose que siempre tenían que estar al pendiente de su alrededor, por si alguien los quería asaltar, o los quería secuestrar. Muchos recibieron amenazas, o sea, distintas cosas.

SO: Es decir, el temor entonces a ser víctimas de la delincuencia organizada…

LM: Si, la delincuencia organizada y también, lamentablemente, que en todo México hay una red de narcotraficantes. Entonces mucha gente es víctima de este tipo de violencia también.

SO: Varias de las críticas que les hacen algunos a los dreamers son, resumiendo, es que sus acciones de desobediencia civil desvían la atención sobre el debate político rumbo a una reforma migratoria, al interior del Congreso. Que es cuestionable que prospere su caso por la vía de la solicitud de asilo político. Y que hay  preocupación de algunos que temen que con esta acción (cruzar la frontera) se esté provocando reacciones más furiosas de los detractores de la reforma migratoria. ¿Qué respondes a esas críticas, Lizbeth, que seguramente habrás escuchado?

LM: Yo creo que si el Congreso y el Presidente realmente tienen el compromiso, y quien encargarse de la reforma migratoria y quieren hacer algo, lo van a hacer, sin importarles que nueve muchachos, o bien más están cruzando la frontera… No debemos enfocarnos, yo creo, en una sola cosa. Hay muchas cosas que realmente afectan a la comunidad; no sólo los 11 millones de personas que están aquí y que realmente merecen poder quedarse en este país, sino también aquellos que ya fueron deportados; aquellos que están separados de sus  familias y quieren regresar a casa. Entonces nosotros, ese es nuestro enfoque, queremos que las familias se puedan quedar juntas, y bueno…, el Congreso puede pasar la reforma migratoria si quiere, no tiene que usarnos a nosotros como excusa para no hacer su trabajo.

SO: ¿Qué piensas Lizbeth sobre la reforma migratoria que está sobre la mesa en estos momentos? Quizás la más cuajada propuesta de reforma migratoria es la que fue diseñada en el Senado, la famosa S 744. Hay opiniones divididas al respecto, entre los reformistas, digamos… ¿Qué piensas sobre esta propuesta?

LM: Bueno, yo creo que después de haber cruzado la frontera, de haber interactuado un poquito con las personas en el centro de detención y con activistas en Arizona, ellos pues no están muy de acuerdo con esa propuesta; que haya más militarización en la frontera, que haya más tropas en la frontera, porque eso solamente arriesga más la vida de las personas tratando de cruzar. Y pues varias cosas… en el último mes no estoy muy enfocada en la reforma migratoria, por obvias razones, pero lo que yo recuerdo es que había cosas no muy buenas.

SO: Qué tal la posición de la alianza, o sea la organización de jóvenes que representas. ¿La alianza está a favor… llama a votar en contra de esta iniciativa, o cuál es su posición?

LM: No me gusta hablar por toda la organización, pero yo creo que la mayoría de mis compañeros está de acuerdo en que queremos que haya una reforma migratoria, pero no una que vaya a lastimar a las familias, que vaya a lastimarlas aun más. Que vaya a arriesgar el bienestar y la vida de muchas personas. Entonces todavía esperamos que si van a pasar algo, que sea algo bueno, que no sea algo que vaya afectar más a la comunidad.

SO: Por último… ¿Qué planean los nueve para las próximas pizcas, Lizbeth?

LM: Vamos a seguir haciendo lo mismo, vamos a seguir luchando. Queremos que los jóvenes que están esperando en México o en otros países para regresar a Estados Unidos, a sus casas, que se contacten con nosotros. Que nos manden un correo electrónico a dream@theniya.org , o buscar nuestra página de Internet, en Facebook o en Twitter. Mándenos mensajes, díganos sus historias; y díganos si quieren regresar a casa, queremos ayudarlos. Este es el primer paso, y queremos seguir haciendo esto, hasta que haya un proceso legal más fácil para que los jóvenes puedan regresar y las familias puedan estar de regreso en sus casas.

SO: No te he preguntado qué haces, en Los Ángeles, Lizbeth, aparte de dedicar seguramente de tiempo completo tus energías a estos importantes asuntos… ¿A qué te dedicas, cuál es tu profesión?

LM: Hace un mes estaba trabajando organizando a trabajadores de restaurant, en Washington, DC, donde yo vivía antes; viví ahí por un año y medio. Estoy de regreso en Los Ángeles, me voy mañana a Santa Clara, a comenzar la escuela de leyes.

Fin.

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